Jamás voy a olvidar ese maldito día. Pido perdón por el rencor que me da, pero no voy a hacer nada por evitarlo, no voy a dejar nunca de ver ese día como un día nefasto. Da igual que digamos de boca para afuera que aceptamos los designios de Dios, que encontramos resignación en la fe, que sabemos que fue lo mejor porque no sufrió. Mentira, mentira y más mentira. No lo acepto, me niego a aceptarlo. No puedo creer que Dios decida dejarnos sin una persona buena mientras permite que tanto mal nacido ande a sus anchas y cause daño cada día de sus vidas.
Nuestro egoísmo nos impide aceptarlo, y hoy, cuando ya han pasado siete largos años sin mi padre, me niego a aceptarlo mas que nunca, porque Don Pedro tendría que haber vivido mucho mas, para llevar todo lo bueno que era a mas personas, porque lo necesitábamos, mi madre, mis hermanos y yo. Porque era una persona honesta, correcta, decente. Porque hubiera sido un gran abuelo. Porque hay millones de razones.
Fue un jueves, 17 de junio de 1999, ironías del destino, día del padre. Hacía casi dos semanas que mi papa había salido del hospital, y aunque lenta, la recuperación era visible, o al menos eso queríamos creer.
Me levanté como a las siete de la mañana. A las 8 estaba listo para irme a trabajar. Era el segundo año de Mac Computación. Mi papá se levantó y se preparó para irse a la Misa por el día del padre al colegio de mi hermano. Gustavo, mi tío y socio en Mac, me pasó buscando a la casa. Como ya era la hora pasamos dejando a mi papá a la iglesia, después lo buscaría mi tía Patricia pues tenía cita en el doctor. De haberlo sabido, era la última vez que mi viejo saldría caminando de la casa.
Hacía el final de la mañana estaba yo en una librería revisando el sistema de facturación cuando me avisaron que mi viejo iba camino al hospital. Una crisis, aparentemente un infarto. Salí corriendo para allí. El cuadro ya era estable, aparentemente lo mas grave había pasado. Aun contra las reglas del hospital me colé para hablarle, y correcto como siempre, me regañó porque me había entrado sin permiso, un claro ejemplo de cómo era Don Pedro. Estuve un rato con él, hablamos no recuerdo de qué, le di la mano y un abrazo y me salí cuando me volvió a decir que me saliera antes de que los doctores me encontraran allí y me sacaran. Serían ya las 2 de la tarde prácticamente. La hora de visita sería al final del día. Nunca más vería a mi padre con vida.
Salí de allí y seguí trabajando. Había que entregar un equipo, pero nos faltaba el monitor que había llegado de estados unidos con defecto. Le compramos uno a Ludwing y nos encaminamos a entregar la máquina. Era lejos, bastante lejos. Tardamos demasiado. Cuando llegamos con Gustavo al hospital ya no nos permitieron entrar. Lo intentamos pero fue imposible. Llegué a la casa a eso de las 9 de la noche, mi madre estaba tranquila, según los doctores solo debía quedarse esa noche en observación y a la mañana siguiente lo tendríamos en casa de nuevo.
Ese día se estrenaba StarWars Episode I, The Phantom Menace. Como buen fan estaba listo para ir al estreno a media noche. Al asegurarme que mi padre estaba bien y que yo no podía hacer nada mas que esperar, le pedí permiso a mi mamá para ir al cine, donde me esperaban el gran Lev Andropov, su hermana Mabi, Checha Hernández, y el chino. Vimos la película, emocionados. Del cine a mi casa eran menos de cinco minutos. Íbamos en el carro de Mabi.
Al dar la vuelta en la esquina de mi cuadra vi carros conocidos frente a mi casa. Vi a Gustavo y a Luis Chang en la puerta. No necesité que me dijeran nada. No tuve que esperar a bajarme del carro. Enseguida lo supe. Mi viejo nos había dejado, se había ido al cielo. A partir de allí todo se vuelve un poco borroso. El gran Lev y los demás me acompañaron durante esa madrugada. Llamamos a las tías en España. Esperar que amaneciera.
Ese viernes en la mañana mientras se terminaban los trámites en el hospital para ir a la funeraria yo estaba en un maldito banco cambiando un cheque para cubrir un giro que teníamos que enviarle a un proveedor en estados unidos ese mismo día. ¿Cómo pude ser tan imbécil? ¿Tan indigno? Por eso hoy en día me tranquiliza un poco saber que Mac Computación se fue a la mierda, porque el día antes mientras yo estaba instalando una mierda de computadora dejé pasar la última oportunidad que tuve de hablar con mi padre, porque estuve donde un cliente en lugar de ir al hospital a la hora de la visita. Porque yo debería haber estado a su lado y no preocupándome por vender una miserable G3. Peor aun, esa mañana de viernes, yo tenía que estar con mi mamá, apoyándola, apoyando a mis hermanos, y no cambiando un maldito cheque en un banco porque era obligatorio pagarle al proveedor ese día. Que se vayan a la mierda los bancos, los proveedores en Miami, mac computación, apple computer y todo lo relacionado con eso. Que se vayan a la mierda los clientes, que me vaya a la mierda yo mismo. Jamás dejaré de sentir culpa por eso. Lo siento Viejo, ruego a Dios que me perdonés por eso.
Al medio día ya estábamos en la funeraria. Ahora los que se pusieron idiotas fueron los de la dirección de cementerios. Nos tuvimos que ir al cementerio general a obtener los permisos para utilizar el mausoleo de la familia en el cementerio de la Villa. A esas horas el gran Zacapa ya había llegado y él me acompaño durante el resto del día. Todavía en la tarde pasé donde otro cliente buscando un cheque, allí por la diagonal seis. No tengo perdón de Dios. Les juro que pienso en eso y la culpa y la cólera me siguen haciendo llorar.
Las largas horas en la funeraria no las recuerdo muy bien. Supongo que allí es donde mas afectado estuve. Recuerdo a mucha gente, al gran Lev, a Rolando, al Caballo, Mario Casasola y su esposa, recuerdo a la bebé de Mario durmiendo en un sofá de la funeraria. Recuerdo familia, amigos de mi papá, los compañeros de colegio de mi hermano. Incluso recuerdo un cerote, no se me ocurre otra forma de llamarlo, que fue compañero de trabajo de mi papá antes que yo naciera y que aun viendo que estábamos en el velorio de mi padre, tuvo los huevos de pedirme dinero para irse a “echar un trago” porque estaba de goma…Dios, hasta donde cae la gente.
Ese sábado en la mañana, hacia las siete, tuvimos que estar presentes en el cementerio pues había que exhumar el cuerpo de un hermano de mi abuelo para utilizar ese nicho para mi padre. Fuimos con Gustavo como testigos. Tengo esa impresión grabada en la memoria, después de 30 años enterrado aun quedaban muchos huesos, pelo, ropa. La hija del señor que se exhumó sufrió una crisis de nervios.
De la funeraria nos encaminamos a la casa, pues queríamos que mi papá estuviera una vez más en su hogar. Yo iba en el carro de la funeraria acompañando a mi viejo. Allí rezamos y nos fuimos a la Misa. Después al cementerio. Después del entierro recuerdo que me quedé solo sentado frente a la tumba y me puse a cantar Hey Jude, de The Beatles, canción favorita de mi papá. El gran Lev me llevó la letra. Cuando ya me iba llegó el Taz. El me acompañó a la casa. No recuerdo nada del resto del sábado ni del domingo. Solo se que ese lunes 21 de junio, a las 8 de la mañana ya estaba en la oficina, no quise tomarme unos días, no quise descansar. Simplemente seguí trabajando. Pobre diablo que soy.
Hoy, cuando ha pasado todo ese tiempo, cuando veo para atrás y me doy cuenta de todo lo que ha cambiado mi vida, no puedo evitar preguntarme como sería si la fatalidad no se hubiera llevado a Don Pedro aquel día. Seguramente nunca me habría ido de Guatemala. No lo se y tampoco tiene mucho sentido preguntármelo.
A toda la gente que estuvo conmigo y con toda mi familia durante tan dura prueba quiero darle las gracias, a los que vi, a los que no vi, a los conocidos, a los desconocidos, a todos los que de una u otra forma nos apoyaron. Si nunca se los dije en persona, aprovecho este post para hacerlo.
A mi madre y hermanos, quiero decirles que se que les he fallado, que desde que estoy lejos les he fallado. Pero ya lo voy a arreglar. No falta mucho para que vuelva a empezar de nuevo en Guatemala. Los quiero infinito.
A mi papá, allá arriba, quiero decirle que me hace falta. Lo extraño no sabe como. Agradezco y atesoro todo el tiempo que pasamos juntos. Hoy que estoy sentado escribiendo esto con las lagrimas contenidas a la fuerza se decirle papá que no lo he hecho tan mal, pero que lo puedo hacer mejor. Que dejé sola a mi madre y a mis hermanos pero que ya voy de vuelta. Quiero decirle que algún día, cuando llegue el momento, mis hijos sabrán que tuvieron un abuelo que era el mejor del mundo, que Don Pedro era un ejemplo a seguir, que era un modelo de caballerosidad, de corrección. Que todo lo bueno que yo soy se lo debo a usted y que no soy nada a la par suya. Viejo, estoy llorando con todo el dolor de mi corazón pero lo estoy haciendo como los hombres, con la cara levantada, con la frente en alto. Que lo recuerdo todos los días de mi vida. Que aquí estoy y aquí sigo. No se como expresar lo que siento, es una mezcla de remordimiento, de odio, de dolor, de tristeza. Sobre todo tristeza. Algún día se me quitará, aunque no se cuando.






