Pero bueno, entrando en materia y antes de que me saquen la madre, yo ya tengo varios años de no subirme a una camándula o a un ruletero, sobre todo desde que me fui de Guate, pero antes de eso eran el pan nuestro de cada día, como tardé un montón en tener un carrito y cuando lo tuve pasaba mas tiempo descompuesto que funcionando, pues no había mas opción.
Díganme ustedes, ¿qué no pasa en una unidad del transporte público? Se puede conocer gente, sentir todo tipo de fragancias y olores corporales, iniciar amistades y romances, meter mano, que le metan mano a uno (cosa halagadora siempre que lo haga alguien del sexo opuesto y no sea para bajarte la billetera), comprar medicamentos milagrosos, útiles de oficina, libros y toda una gama de productos de primera “calidá”. Y según qué rutas tomemos hasta vivir alguna que otra emoción al amparo de la velocidad indiscriminada y la gravedad, como las que van del Campo Marte a Vista Hermosa, replicando con exactitud la sensación de subirse a una montaña rusa.
Me acuerdo que antes si se podía diferenciar entre
Anécdotas han de haber un montón, me acuerdo de una vez en plena Avenida Reforma, el de la 2 negro venía peleándole el pasaje al de la 14 rojo hasta tal punto que casi se chocan entre ellos enfrente de Bancafé, el de la 14 le atravesó la burra al de la 2 (yo iba en la 2) y se bajaron a partirse la cara, con el respectivo pasaje apoyando a su respectivo piloto, jajajajaja. Se pegaron una vergüiza esos dones de cuidado, y es que no me dejarán mentir, pero quien putas se iba a animar a entrarle a los catos con dos camioneteros de antes, que según recuerdo eran unos pisadones macizos a los que no les calaba ni un batazo, aunque si mas educados que los de ahora, eso hay que reconocerlo. Al final cada uno se subió a su camioneta y siguieron su ruta.
Vivía una chava como a dos o tres cuadras de mi casa, que tenía que tomar la camioneta en la esquina de mi cuadra, porque allí estaba la parada. Estudiaba ella en el Belga. Fue durante los dos años del bachillerato eso, que me tenían a mi, con lo que me cuesta levantarme, esperando la camioneta media hora antes de la hora solo para verla repitiéndome que ese sería el día que le hablaría, pero como siempre he sido mero chiviado, jamás le hablé, jamás supe su nombre y me limité a verla casi todos los días durante aquellos dos años hasta que los dos nos graduamos. Hace unos años la ví en un supermercado con su chiricito en brazos, aunque creo que ya no vive por donde mismo.
Otra vez, y en honor al título del post, salí tarde de
Total que no recuerdo en que momento los ruleteros y las camionetas dejaron de diferenciarse. En algún momento le rebajaron el tamaño al ticket, y le subieron el precio al pasaje. Primero de




