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martes, diciembre 08, 2009

Un año después.

Exactamente hace un año, este mismo día y a esta misma hora, detalle que he cuidado para publicar este post en el momento preciso, estaba aterrizando de regreso en Guatemala.


Se acababa mi aventura en el extranjero, ese período de 6 años lejos de mi tierra, una parte en España y la otra en Venezuela. Mis sensaciones en aquel momento eran un tanto confusas. Mis impresiones pasado un año exacto siguen siendo igual o más de confusas.


No pienso que sean desalentadoras o motivadoras, ninguno de los dos casos. Simplemente creo que el resultado al final ha sido diferente de lo que creí ocurriría. En todo sentido.


Recuerdo la ansiedad porque al fin llegara el día de la tan esperada y a la vez aplazada vuelta. Los últimos días pasados en Caracas, tratando de dejar todo en orden, despidiéndome de los amigos y amigas, preparándolo todo. Anticipando el instante de salir por la puerta del aeropuerto y abrazar a mi gente mientras les decía que ya estaba de regreso de una buena vez y en definitiva.


Un año después, no sé cómo explicarlo. No me malinterpreten, estoy muy contento de estar de vuelta, pero esperaba más. ¿Mas qué? no lo se, ni siquiera puedo definirlo, simplemente mas. Es complicado, pues al final de cuentas nunca terminé de encajar en los lugares donde estuve y ahora siento que tampoco encajo aquí. Sin embargo un año después tampoco me veo lejos. Es una contradicción un tanto enredada.


En fin, que no pretendo ni de cerca explicar lo que ha sido este año, lleno de grandes alegrías, reencuentros, logros y por qué no, también de algunos recuerdos, de cierta nostalgia por lo que quedó lejos y en particular de una sola desilusión que aun estoy absorbiendo(leer post anterior).


La intención de este post es simple y llanamente celebrar que al momento de presionar el botón de “Publish”, estoy cumpliendo un año exacto de vuelta en mi tierra, con mi gente, y eso es digno de un profundo agradecimiento y de una gran parranda. Ya lo celebraremos señores.


Salud!!!.

domingo, mayo 10, 2009

Decidir, largarse, volver, continuar. Crecer.

Hay momentos trascendentales a lo largo de la vida, situaciones que se nos presentan de tal modo que hacen imposible evitarlas y aunque quisiéramos que desaparecieran nos vemos obligados a enfrentarlas de lleno y con decisión pese a nuestra renuencia o temor. Encrucijadas que nos llevan a tomar uno u otro camino, ante la atemorizante incertidumbre del no saber, del no anticipar, del no prever.

Son esos momentos, esa necesidad y obligación de decidir independientemente de lo acertado o no que resulte dicha decisión, los que van forjando nuestro carácter, nos van templando, nos van moldeando.

Hablábamos el sábado por la noche con un amigo costarricense sobre esto y algo mas. El también se fue de su país, en este caso hacia Guatemala por motivos de estudio y le ha llegado el momento de volver. Hablábamos de las experiencias que uno adquiere estando lejos y muchas veces solo, de los contratiempos que se superan, de las alegrías que se encuentran, de las amistades que se descubren, de los amigos que ya se tenían y se convierten en un apoyo, de todo lo que conlleva agarrar una maleta y decir adiós a la vida que se ha llevado hasta entonces para iniciar una nueva. Pero sobre todo hablamos del temor al momento de regresar. Me explico.

Uno pasa mucho tiempo consigo mismo estando lejos y eso distorsiona su realidad y su forma de percibir y entender los recuerdos y sensaciones que se tienen de lo que se ha dejado atrás. Uno tiende a idealizar lo que conocía y ha tenido que cambiar. Para quien no ha pasado por eso, podría parecer que llegado el momento de volver tendría que ser únicamente emoción y felicidad, que de hecho lo es pero no solamente eso. También es temor, miedo, indecisión. Y coincidentemente ambos lo expresamos de la misma manera: Alegría e ilusión de pensar en volver, abrazar a la mamá, a los hermanos, dormir en tu cuarto de toda la vida, en tu cama, con tus almohadas, abrir los ojos y ver la luz de tu tierra. Pero un profundo y visceral temor al día siguiente, al despertar el primer día de regreso y preguntarte ¿Y ahora qué?. Y reconozco que precisamente ese instante y esa pregunta fueron los que me llevaron, no una sino varias veces, a aplazar mi vuelta. Me aterraba el despertar y no saber qué hacer. Dije cuando me despedía de los amigos en el extranjero instantes antes de volver, que regresaba a recuperar mi vida, a retomarla donde la dejé 6 años antes, pero una vez aquí me di cuenta que la vida que dejé ya no lo es, ya no es mi vida, se ha cambiado a si misma, ha evolucionado, ha cambiado. Y lo que recordé como mi vida a lo largo de los años estando lejos, ya no lo es.

¿Qué queda entonces por hacer en ese caso? Solo continuar. Asumir el cambio, hacer acopio de madurez y entereza y seguir caminando, enfrentarse de nuevo a la disyuntiva sobre qué rumbo tomar y tomarlo, que pisados. En resumen, crecer. Crecer como persona, como ser humano. Adaptarse y crecer, adaptarse a una nueva realidad, a una fase completamente nueva y diferente de la vida. Evolucionar y crecer, evolucionar en lo que se es y será a partir de ahora. Crecer. Y mencionamos que todo el tiempo lejos nos prepara para eso, para crecer.

En aquel entonces decidí largarme. Ahora volví señores, y continué también. Hace ya unos meses de eso pero no había tenido oportunidad de compartir mis impresiones al respecto. Ahora toca crecer, y sobre todo continuar. No dejar de continuar. Y crecer. Salud!!!.

domingo, mayo 03, 2009

De ilusiones utópicas, obsesiones y curiosidades de esas.

Me decía el Christian un día de la semana pasada “Es que vos no aprendés ¿va?”, y yo le decía que si aprendo,que de hecho soy de fácil aprendizaje, pero algunas veces se me olvidan las lecciones, cosa que de todas maneras nos pasa a todos por lo general haciendo énfasis en las leyes de murphy y su oportunismo para generar unas metidas de pata que tienen tanto de épicas como de legendarias.

La cosa es que la plática giraba, como suele ocurrir cuando alguien le dice al otro que no aprende, sobre mujeres. La historia completa y sus detalles tampoco es que se las vaya a platicar a ustedes por aquí, no vaya a ser que en lugar de que saque algo de ayuda con sus comentarios me termine metiendo en un verdadero predicamento y la situación de por sí complicada termine degenerando en un auténtico circo romano (taz dixit).

A modo de resumen, anda por allí una guapa señorita sobre la cual he expresado en repetidas ocasiones ciertos sentimientos que me invaden desde hace unos cuantos años, con la cual hemos llegado a desarrollar en los últimos meses una comunicación sin precedentes en mis registros, comunicación que por sí sola a colaborado a que un halo de confusión y hasta desesperación nuble la parte intelectual de mi cerebro, entorpeciendo mi tradicional mecanismo de indiferente y frío distanciamiento de las vanas emociones. Algo así cómo cuando el lado oscuro de la fuerza nubló la percepción sensorial del consejo Jedi impidiéndoles ver la llevada de putas que les venía en camino hasta que ya la tenían encima. Y conste que no es lo mismo verla venir que bailar con ella.

El asunto es que desde hace unos días lo que no pasaba de ser una ilusión utópica, y conste que yo mismo le atribuyo el grado de utopía porque hasta cierto punto acepto su irrealidad e imposibilidad (solo hasta cierto punto claro, hay un nivel de conciencia en el que me niego a creer en dicha imposibilidad), ha llegado a convertirse por mi parte, en una agobiante confusión, casi obsesiva sobre lo que podría ser y me parece a mí que nunca será. No puedo pensar, las largas jornadas laborales son una mancha borrosa en la bruma de mi conciencia, miro los dos teléfonos una vez cada tres minutos para saber la hora (y dos minutos después vuelvo a verla sin recordar la última que vi) o buscar una llamada perdida o un mensaje, activé dos notificadores diferentes de email para que me avisen si recibo algo, cualquier cosa que me permita establecer y mantener activos canales de comunicación con la fuente de dicha obsesión. Y lo francamente complicado es el contenido de la comunicación en cuestión, contradictorio y ambiguo donde los haya, que a momentos ratifica rotundamente lo utópico del asunto pero instantes después alimenta la ilusión dejando entrever posibilidades y oportunidades que en un parpadeo vuelven a volatilizarse. Así, minuto a minuto, hora a hora, día a día, hasta el punto de ser una presencia permanente y perturbadora para la paz mental.

Lo que me tranquiliza es que ya no tardo en aburrirme de la situación y volver a encerrarme en mi característico mutismo y mi normal costumbre de dar trivialidad incluso a lo mas trascendente, a enfocarme completamente en el trabajo, en la dieta (porque estoy a dieta cosa que les contaré en otro post) y eventualmente en las cosas importantes de la vida, como el Rock And Roll, el fútbol, emborracharse, el porno y cosas de esas. (nótese en este párrafo ya la tendencia a trivializarlo todo).

Termino con algunas palabras de los cuatro grandes de Liverpool (Los Beatles, no el equipo de fútbol de Anfield), en cuyas canciones se encuentra sabiduría para cada momento de la vida. Aquí les dejo algunas frases de la canción “I´ll Follow the Sun” del disco “Beatles for Sale”. Salud señores. 9.5 libras menos y contando.

“One day you'll look to see I've gone.
For tomorrow may rain, so I'll follow the sun.
Some day you'll know I was the one.
But tomorrow may rain, so I'll follow the sun.”

domingo, octubre 14, 2007

Réquiem por un Octubre.

Réquiem por aquellos octubres, inocentes, ajenos, ausentes, de mis primeros años, sentado en el patio de la casa escuchando la sabiduría de los abuelos, oyendo historias de cuando Saturnino Rustrián ganó la vuelta. Tardes frescas escuchando los relatos de cuando el abuelo veía caer las bombas cerca de su casa, a dos cuadras de la Guardia de Honor.

Réquiem por aquel Octubre, el de la primavera democrática, aquel octubre lejano que regaló al país la libertad, el desarrollo y que fue truncado 10 años después. Réquiem por aquel octubre, que solo conocí por escucharlo del abuelo, cuando contaba, preso de las carcajadas, que su hermano salió de la casa dispuesto a participar en la Heroica Gesta Revolucionaria, y volvió en la noche diciendo que había peleado con otros ciudadanos al mando del “General Montes”, por no decir que pasó todo el día escondido en el monte.

Réquiem por un Octubre de años atrás, aquel Octubre que se llevó al abuelo, rompiendo así con el concepto infantil de la inmortalidad de los seres queridos, dejando tras de sí la sensación de pérdida y vacío que a partir de entonces se han sentido muchas otras veces. Réquiem por aquel Octubre que me dejó sin historias como la anterior, sin quien me tallara un bate de baseball a partir de una viga de machimbre, sin el Abuelo.

Réquiem por los Octubres de mi niñez, llenos de días claros, cielos altos, puros, límpidos. Llenos de viento frío y presuroso. Llenos de calle, de chamuscas, de bicicletas, de raspones, de risas, de sudaderos y barriletes, de juegos y de travesuras. Réquiem por los Octubres llenos de baseball al grito de “Ave María Purísima”.

Réquiem por los Octubres del pasado, llenos de familia, de tradición, de mi padre y Santo Domingo con torrejas. Llenos de introspección preparando la llegada de los Noviembres. Réquiem por aquellos Octubres llenos de pintura de agua, de pintura de aceite, de brochas viejas sobre un mausoleo al compás del pelotón multicolor que devoraba la cinta asfáltica.

Réquiem por Octubres más recientes, que arrancaron la apatía de la adolescencia y la irresponsabilidad del estudiante, arrojándolo a las afiladas garras de la vida real, dando por terminada la era idílica del inconciente improductivo. Réquiem por los Octubres llenos de sentencias y penalidades en forma de entrega de notas y calificaciones, llenos de clausuras, expulsiones, despedidas, retrasadas.

Réquiem por el Octubre que silenció la música, llevándose al mas allá el alma de Gabriel Rivera y Ricardo Andrade, matando el arte y robándonos a dos grandes amigos, truncando sus vidas, sueños y esperanzas. Réquiem por ustedes muchá, que donde estén sepan que jamás serán olvidados y su arte vive hoy mas que nunca.

Réquiem por un Octubre, y por todos a la vez. Por ninguno en especial, por todos en particular. Casi media ya el recorrido de este Octubre y me hace pensar en un sinfín de gentes, recuerdos, situaciones, costumbres, lugares y cosas, por lo que no puedo menos que tratar de escribir estas líneas. Réquiem por Octubre.

miércoles, septiembre 12, 2007

Un Septiembre Grande. Septiembre de 1991.

Antecedentes: Un par de años antes habían cambiado a las autoridades del Colegio de Infantes. El Padre Cristóbal se iba luego de más de 30 años de rectorado ejemplar. Los nuevos, un cura joven y su junta directiva, nunca entendieron lo que era ser parte del Colegio de Infantes. Se suprimieron muchas actividades. La última semana de agosto, todo Segundo Básico, incluyéndome, fue expulsado después de un retiro espiritual. Las autoridades prohibían al Bicentenario desfilar en el aniversario de la Patria. El alumnado se fue a la huelga, por primera vez en los 210 años de historia del Colegio. Jornadas grandes en el Parque Central, con nuestra chumpa blanca, prohibida un año antes, con los padres de familia organizando comités de emergencia, la Asociación de ex alumnos apoyando. Hasta los medios de comunicación nos apoyaron. Con ese marco, llegamos al 15 de Septiembre, hace 16 años, y vivimos una fecha grande, que voy a tratar de contarles:

La Historia: 1991. Habían cambiado los tiempos y el Batallón Gris y Blanco no podría salir a las calles. No importó. A mí casi no me dejaron desfilar en mi casa pues tenían miedo de que me expulsaran definitivamente. Los comentarios de mis tíos, ex alumnos del Bicentenario hicieron que me decidiera. Una expulsión era lo de menos. A mis 13 años no iba a oír razones.

Atendiendo al llamado y desatendiendo la prohibición de las autoridades del colegio, me presenté aquel domingo 15 de septiembre de 1991 en la Octava Calle y Séptima Avenida de la Zona 1 a las 6.30 AM. Algo inspirador fue ver a gente que había salido del colegio un año antes y se presentaron, uniformados de gala a desfilar. Las madres de familia nos pusieron un lazo negro en el brazo izquierdo. Algunos Institutos y Colegios nos apoyaron prestándonos instrumentos.

De uno en uno fuimos juntando tercias y luego pelotones, hasta formar una Compañía, comandada por Montufar García-Granados. Don Marco Antonio Cevallos nos prestó su Bandera de Guatemala. Y una banda reducida en instrumentos, con un solo bombo que la Familia Vélez Arce donó, pero grande en integrantes. Decidió la gente que desfiláramos en columna, pues eso haría que nos viéramos más. Marchamos por la décima avenida hasta la segunda calle de la zona uno, tomamos nuestro lugar en el desfile y esperamos. Un detalle que no recordaba y lo leí hace unos días, muy emotivo también, fue ver a la escuadra de Gastadores de primaria, que se presentaron ilusionados de ser parte de aquel gran día.

A eso del medio día, pasamos frente a Palacio Nacional, con nuestro uniforme brillante y con aquel lazo negro significando el luto que llevábamos en nuestras almas. La gente nos aplaudió con el corazón, sabiendo las complicaciones que llevábamos encima.

Formamos abriendo los intervalos en columna y marchamos a Paso Alemán, poniendo el alma en cada pisada que dábamos. Así, sin darnos cuenta, sin sentir el cansancio, llegamos a la Municipalidad, punto final de aquel desfile. Pero el Colegio San José de Los Infantes no se queda en la calle. El Bicentenario regresa a su casa desfilando, igual que salió de ella.

Enfilamos la séptima avenida, y sonaba en solitario el redoble de la Uno, caja que Daniel Vélez había tenido a bien rescatar de las catacumbas una noche antes, metiéndola en un taxi junto con algunas mas.

Cuando llegamos a la 13 calle, la grandeza se sentía. La gente lloraba, yo los ví, yo los ví, mientras mantenía mis brazadas en alto, cómo la gente derramaba lágrimas de orgullo viendo al Glorioso Batallón Gris y Blanco desfilar. Y saludamos al punto mas importante del desfile, después del Palacio Nacional, aquella cuadra de la Séptima avenida entre 12 y 13 calles. Guatel y el Palacio de Correos como testigos. El tiempo pasó, esa tarde casi moría cuando llegamos al Colegio, a nuestra segunda casa. Y no nos dejaron entrar.

El Colegio San Sebastián, rival eterno pero apoyo en ese tiempo de oscuridad, nos ofreció sus instalaciones para ir a cantar el Himno de Guatemala y el Himno del Colegio. Y allá fuimos, con nuestra gallardía, con nuestro honor, con nuestro orgullo, tragándonos las lágrimas de sentimiento que nos salieron. Hubo gente que abandonó el Batallón Gris y Blanco antes de seguir hasta el San Sebastián. Imposible culparlos, pero muchos otros seguimos con los huevos en la mano. Sabiendo que durante todo el recorrido había cámaras ingratas que nos fotografiaron para luego emitir represalias, incluyendo un nefasto helicóptero que nos sobrevoló, filmándonos. Eso no importaba. Lo que importaba era que íbamos allí, desfilando por aquella institución educativa que nos formó y por el cumpleaños de la Patria. Si no debimos ir, eso es algo que escapa a nuestro juicio. El hecho es que fuimos hasta la Segunda Calle de la zona 1, donde entonamos nuestro himno. Allí se rompieron filas.

Yo recuerdo como mi viejo que Dios tenga en su gloria me llevó de vuelta a casa, extenuado, adolorido, pero feliz de haber estado allí. Satisfecho de hacer mí parte.

Una semana después, en Palacio Arzobispal, un ya lejano 20 de septiembre, las madres rezaban un rosario y nosotros, en pleno apagón por los racionamientos energéticos de aquel tiempo, cantábamos consignas en apoyo al Colegio. El Arzobispo Próspero Penados del Barrio anunciaba el cambio de dirección. Aquel lunes 23 de Septiembre la Chumpa Blanca volvía a lucir sus galas por las calles de Guatemala, mientras los Mariachis tronaron celebrando el triunfo de la grandeza y la historia sobre la ambición, al compás de incontables ametralladores que nos empujaron a cruzar el “Clásico Vértice”.

Ese fue un año que nos marcó.

Yo tuve la suerte de ir al centro de la primera fila de aquel tercer pelotón en columna, justo atrás del comandante de pelotón, aunque no recuerdo quien fue. A todos aquellos compañeros que marcharon hombro con hombro, hombría con hombría, quiero enviarles un abrazo. Que Dios y San José los premien por aquel esfuerzo.

Salud!!!

sábado, junio 16, 2007

Hoy, en el Día del Padre.

Si, hoy en el Día del Padre, quiero desde El Ruletero enviar un mensaje. Pero este mensaje no es para los Padres en su día, no es para los papás. No. Al contrario, quiero enviar un mensaje a los hijos. Sobre todo a aquellos hijos que aun cuentan con su padre en esta tierra.

Quiero decirles a esos hijos que deben apreciar sobre manera el beneficio de tener a sus Padres aun con ustedes. Es cierto que no todos han tenido la suerte de contar con un Padre como el mío, Don Pedro, ejemplo de honradez, de integridad, de entereza, de caballerosidad donde los haya. Pero un Padre es un Padre y la mayoría de las veces es una bendición contar con ellos.

Quiero decirles a esos hijos, hoy, 17 de Junio de 2007, que deben dejar de celebrar a sus padres únicamente en este día. Tiene que ser una celebración permanente.

A los que ya han perdido a su Padre igual que yo, que honren su memoria, su enseñanza, su guía. No hacerlo solo causa que nuestra propia vida sea insignificante y sin sentido.

Yo perdí a mi Padre, perdí a Don Pedro, el 17 de Junio de 1999, hace hoy exactamente 8 años, alrededor de las 10 de la noche. Un día del Padre como cualquier otro, pero que para mí, lejos de representar la festividad del progenitor, representa el día que el destino, Dios, o como quieran llamarlo, se llevó de esta tierra a mi papá, a mi guía. Aun hoy, aunque ya han pasado esos 8 años, para mí este es un día difícil. Para mí, este es un día en el que no encuentro ningún motivo de celebración.

No creo que ni siquiera cuando yo sea un padre, pueda encontrar regocijo en esta fecha. Porque mi viejo, Don Pedro, no tenía que irse. Porque, citando todos los clichés de las canciones típicas de este día, yo no tuve la oportunidad de ver como a mi Viejo se le ponían los cabellos blancos. Yo no pude ver como el rostro de mi Padre era enmarcado por las arrugas. Yo no pude acompañar a mi Papá mientras su andar se hacía lerdo, mientras caminaba con pasos lentos, porque Don Pedro no tuvo oportunidad de envejecer. Se fue de esta tierra apenas a los 48 años. Y eso en realidad pone a prueba mi educación cristiana católica. Pone en tela de juicio las creencias dogmáticas que nos inculcan. Y no acepto que un poder superior se lo haya llevado.

Momento…estoy siendo egoísta. Porque no solo yo lo perdí. Lo perdieron mi santa Madrecita y mis adorados hermanos, sus hermanos y hermanas, sus amigos, y todos aquellos que llegaron a conocerlo.

Pero no quiero ahondar en este tema. Aquí en el Ruletero ya lo he hecho y hoy no me sale del alma. Porque he dedicado estos días a meditar en sus enseñanzas, en su ejemplo, en su vida.

Me duele, eso es imposible negarlo o tan siquiera ocultarlo. Me duele porque Don Pedro hubiera sido un abuelo genial, porque Don Pedro me hubiera indicado el camino a seguir. Si el hubiera estado a mi lado, es casi seguro que yo no estuviera lejos de mi Madre, de mis Hermanos, de mi Familia, de mi Tierra, de mis Amigos.

Pero la vida es así. Por eso reitero el mensaje a esos hijos que aun cuentan con su Padre, entiéndanlo, aprovéchenlo, ámenlo.

No quiero seguir, pues sobre Don Pedro podría escribir por la eternidad, pero quiero decirle, Papá, cómo ya lo he hecho antes, que estoy de pie y si algún día las lágrimas traicionan la integridad de mi rostro, quiero que sepa que son lágrimas de hombre, que ruedan por un rostro erguido, con la frente en alto, viendo hacia delante y apoyándose en lo aprendido años atrás.

A todos mis lectores, no me queda más que agradecerles por estar allí, por seguir leyendo. En unos días el Ruletero retomará su talante alegre, chingón, cínico si se quiere, pero hoy no puedo hacerlo. Gracias a todos desde ya por sus comentarios.

Madre mía de mi alma, Manita y Manito, fuerza. Ustedes son la fuerza que hace que me mueva.

Papá, que allá arriba, junto con los abuelos, las abuelas y la Tita, se organicen un parrandón de cuidado, que aquí seguimos pensando en ustedes.

Aquí les dejo las canciones más representativas del día. Abrazos a todos.




Mi querido, mi Viejo, Mi amigo.


Viejo, mi querido Viejo.

martes, junio 12, 2007

Las canciones de Don Pedro.

Hace unos días leía tanto en el blog de Pacuna, como en el del Pirata Cojo, distintos post sobre los sentimientos que la música termina despertando en nosotros. En estos dos casos, desde la perspectiva particular de ambos y desde su particular gusto por diversos tipos de música.

Para mí la música es vital, aun sin ser músico. Es una expresión artística única y me ha acompañado en todo momento desde que vine al mundo prácticamente.

Pero este post no va a tratar de la música que a mi me gusta, o de lo que siento al escucharla. Este post va dedicado a mi viejo, Don Pedro, y a las canciones que siempre me lo recuerdan, aunque probablemente no eran sus favoritas.

Don Pedro fue una persona que al igual que yo lo hago, acompañó su vida con una pista musical constante. Aunque han pasado ocho años ya desde que desapareciera físicamente de nuestro lado, no pasa un solo día sin que lo recuerde, y cada vez que su recuerdo salta a mi mente, lo hace al ritmo de alguna canción. Es inevitable asociar su recuerdo a las notas de diversas canciones que aunque algunas no las escuche hace años, resuenan en lo mas profundo de mi cabeza siempre que pienso en Don Pedro.

Mi padre como ya lo dije, siempre iba acompañado por la música, salvo cuando se concentraba en el trabajo, y aun así pocas veces habrá estado sin un hilo musical de fondo. Fue Don Pedro un romántico irredento, quien apreciaba las canciones sentimentales de incontables artistas, pero también un rockanrolero rebelde, de aquellos que hacia mediados de los 60 vestían con botines y camisas de cuello de tortuga, con el pelo a lo “Beatle” y la irreverencia a flor de piel. Desde Roberto Carlos hasta The Yardbirds, desde Creedence hasta los corridos de Antonio Aguilar que escuchó durante su niñez al lado de Don Vicente, mi abuelo, el catálogo musical de mi viejo era bastante amplio.

Yo quiero aquí con infinito cariño, hacer una lista de las canciones que mas me recuerdan a Don Pedro. No puedo asegurar que hayan sido estas sus canciones favoritas, pero son canciones que a lo largo de mi infancia, de mi adolescencia y de mis primeros años como adulto, hasta donde pude tenerlo conmigo, acompañaron el tiempo que tuve el privilegio de compartir con semejante señor. Son canciones que representaron mucho para mi viejo y que aun hoy en día, y creo que para siempre, harán que no pueda escucharlas sin sentir que Don Pedro está a mi lado, que me vuelve a contar un chiste, que jugamos fútbol, que me lleva al colegio, que me regaña, que me aconseja, que me habla, que me escucha, que me abraza.

Papá, un infinito abrazo.

Las Canciones de mi Viejo:

  1. El gato triste y azul. (Roberto Carlos)
  2. Hey Jude (The Beatles)
  3. Don’t let me down (The Beatles)
  4. Satisfaction (The Rolling Stones)
  5. You’ve got a friend (Carol King)
  6. Ayer tuve un sueño. (Los Pasos)
  7. Tú me dijiste adiós. ( Los Brincos)
  8. El camionero (Roberto Carlos)
  9. Un velero llamado libertad (José Luís Perales)
  10. El corrido de Juan Charrasqueado (Antonio Aguilar)
  11. Have you ever see the rain (Credence Clearwater Revival)
  12. Yesterday (The Beatles).
Y bueno, ya para terminar, aquí les dejo el video de una canción que pega, y pega peor que golpe bajo, ¿Verdad Primo?


sábado, junio 09, 2007

Doscientos veintiséis años de historia, Doscientos veintiséis años de historia, Doscientos veintiséis años de historia….Y NADIE LO PUEDE NEGAR!!!



Quince años han pasado ya desde la última vez que vestí ese legendario e histórico uniforme Gris y Blanco para celebrar un 10 de Junio. Aun lo vestiría algunas veces más, en septiembre sobre todo, pero un 10 de Junio, esa fue la última vez.

Hace 15 años, un ya lejano año de 1992, el 10 de Junio de aquel año, el Glorioso y Bicentenario Colegio de los Seises de la Catedral de la Nueva Guatemala de la Asunción, mas conocido como Colegio San José de los Infantes celebraba su CCXI Aniversario de Fundación. Doscientos Once años en aquel entonces, y hoy, 10 de Junio de 2007, los que tuvimos el privilegio de formar parte de tan gran historia, y los niños y adolescentes que actualmente son parte de esa historia, celebramos el CCXXVI Aniversario, Doscientos Veintiséis Años de hacer historia, se diga fácil o no, se entienda nuestra identificación o no.

En aquel entonces yo no era más que un simple niño de 14 años. Y desfilé con el orgullo y el honor por los cielos. Salimos del Colegio desfilando, pasamos bajo el Vértice, emblemático diseño arquitectónico de nuestra segunda casa. Enfilamos hacia Palacio, de allí a la sexta avenida. Llegamos a la 15 calle y doblamos a la izquierda. Sobre la Séptima avenida volvimos a nuestra casa aquel miércoles. Y lo hicimos como solo los alumnos del Infantes pueden hacerlo. Con gallardía, honor y orgullo. Sabiéndonos los mejores, sabiéndonos herederos de una tradición de más de 200 años. Repasando en nuestras mentes cada línea del Himno del Colegio.

Los años han pasado, pero aun a riesgo de ser atacado, quiero enviar desde aquí un gran abrazo a todos aquellos compañeros que marcharon junto conmigo, que estuvieron allí aquel día. Y quiero hacer aun mas extensivo el abrazo a los alumnos que hoy celebran los 226 años de historia, “Que a la patria han servido de guía”.

Igual les dejo un par de videos de las Gloriosas Compañías, donde yo iba en el cuarto pelotón de la Primera, aunque no llegue a verse, pues la cámara se centra en el tercero, y de la Penta campeona Banda de Guerra de aquel año.

Colegio de Infantes…Que San José y Santo Dominguito de Val rueguen por nosotros.


HIMNO DEL COLEGIO SAN JOSE DE LOS INFANTES

Coro
Del Colegio de Infantes la gloria,
En acordes alegres cantemos
Las dulcísimas liras pulsemos
Celebrando sus triunfos de honor.

I
Cien renombres pregonan ilustres
Del colegio de Infantes la gloria
Que en sus páginas bellas la historia
Los grabó con su dedo inmortal.

Coro.

II
Y ante el ara del Dios trino y uno
Y en la cátedra siempre elevada
Y en el foro y tribuna ensalzada
Dieron vida al ideal redentor.

Coro

III
Guerra eterna de hinojos postrados
A los vicios por siempre juremos
Por la iglesia doquier figuremos
Con orgullo adorando la cruz.

Coro

IV

Quien del místico salmo tuviera
Poderoso e inspirado el aliento
O el gigante salterio que el viento
Suele recio en las cumbres pulsar

Coro
V
Más en premio de gloria tamaña
Es el canto homenaje pequeño
A quien lucha por Dios con empeño
Se le puede en la tierra premiar

DEL COLEGIO DE INFANTES LA GLORIA,
EN ACORDES ALEGRES CANTEMOS
LAS DULCÍSIMAS LIRAS PULSEMOS
CELEBRANDO SUS TRIUNFOS DE HONOR



miércoles, marzo 28, 2007

Adios Gordo, ¡Fuiste Grande!

Walter

19 de julio 1995 – 26 de Marzo de 2007

Grande, Gordo, grande. Y mirá que nos vas a hacer falta, a muchas personas. Pero me alegra que ya no te duela Gordo, me alegra que ya no te joda ese ingrato cáncer, y me alegra que ya estés en el cielo de los perros, porque como aquella caricatura de hace años decía, “Todos los perros se van al cielo”, vos en particular sos de los que te pusieron alfombra roja Gordo, así de especial como eras.

Adios Gordo, que se me hace un nudo en la garganta cuando lo digo, pero te vamos a extrañar y mucho.

Cuando me contaron que te habías ido Gordo, me puse a pensar en lo alegre y divertido que eras. Me estaba acordando cuando cantábamos a dúo, vos aullando con emoción siguiendo la melodía. También estaba recordando lo exigente e impaciente que eras a la hora de comer, y mirá que siempre me dieron cosquillas tus trompazos en la pierna para que se me “cayera” algún pedacito de pollo de la mesa, bueno, de pollo o de lo que fuera, porque si para algo eras bueno también, era para comer. Que grande Gordo.

Me estaba acordando de tu andar presumido y de tu altanería con los demás. Único Gordo, de verdad. De cómo te paseabas primero allá en Madrid y después aquí en Caracas sabiendo que podías con cualquiera, y si no que le pregunten a aquel condenado samoyedo, que aunque era el doble de tu tamaño, lo mandaste a la veterinaria y a su dueña al hospital con pedazo de mordida en la rodilla, porque el muy cabrón pretendió atacar a tu hermanito, el gran Dexter. Ese día que la dueña del samoyedo llegó al apartamento buscando tu libro de vacunas yo pasé como dos horas pensando que hasta con la policía iba a llegar.

También me estaba acordando de cuando caminábamos hasta el parque y los días que te teníamos que llevar en brazos por aquel pincho que se te metió en la pata y no podías caminar después de que te lo sacaron. Allá íbamos con tus 16 kilotes de alegría encima. La mayoría de las veces te cargué yo, otras Cristina y hasta Juana te llevó en brazos algunas veces, mirá que ella también te va a echar de menos y mucho.

Y donde quedan nuestras grandes dormidas en invierno, con la ventana un poco abierta para que hiciera mas frío y poder abrigarnos mejor. O las siestas después de comer. O todas las veces que te hablaba y vos me mirabas con esos ojotes tan expresivos y que decía que sí me estabas entendiendo. De verdad que eras grande Gordo.

Bueno, a vos Gordo, que aparte de mi familia y junto con Dexter fuiste mi primer amigo al llegar a España, que muchas veces me acompañaste y me alegraste cuando yo estaba reaccionando ante el hecho de que había dejado mi vida y mi gente atrás, a vos Gordo, solo quiero decirte gracias, fuiste un perro muy especial, y serás recordado siempre. Tuve la suerte de conocerte y estar con vos tus últimos 5 años de vida, pero ese fue tiempo más que suficiente para no olvidarte nunca Gordo. Que estés feliz y comiendo todo lo que querrás en el cielo de los perros.

miércoles, enero 17, 2007

Hace 30 años se casaron mis papás.

Este es un post alegre y triste a la vez. Sí Don Pedro viviera, este lunes 15 de Enero de 2007 recién pasado coincidiendo con una celebración más del Cristo Negro de Esquipulas, mis señores padres hubieran cumplido 30 años de Sagrado Matrimonio. Yo, como siempre he sido un irresponsable olvidadizo, vengo publicando esto dos días después, pero lo que vale es la intención.

Sí, como si nada 30 años. Doña Nelly, mi santa madrecita, recibió este nuevo aniversario recordando a Don Pedro y todos los sucesos de aquel lejano día.

Eso estuvo alegre muchá, según me han contado, claro, porque no quiero ningún comentario fuera de lugar sobre los bebés prematuros, ya que tengo pruebas fehacientes de que mis viejos no se casaron con prisa, pues yo nací 11 meses y medio después del enlace religioso.

Primero los nervios normales de los dos ilusionados contrayentes. Como mi madre es originaria de la hermana república de Zacapa, hubo desplazamiento geográfico de asistentes al acto desde la capital del mundo, Jumuzna, hacia la capital del país, Guatemala. En cuenta los abuelos. La Abuela Elfa, previsora como siempre, se vino varios días antes, pero Don Agusto, más conocido como Tío Guto, emprendió el viaje hasta el mero día de la unión, pero para variar los atrasos en las carreteras y ya con la novia dentro del carro y frente a la iglesia, Tío Guto no había aparecido. Los abuelos paternos, Don Vicente y Doña Bernarda no tuvieron esa complicación pues para mas comodidad mis papás se casaron en la Iglesia de por la casa, La Villa de Guadalupe, pero no en la iglesia de ahora, sino en la que está en la calle de atrás, que fue la que se utilizó mientras se reconstruía el templo después del terremoto. Los casó un monseñor alemán, párroco de la Villa por aquel tiempo, no recuerdo bien el apellido pero sonaba como “Hann”, o algo así.

Pasó la misa con el consabido resultado, o como decía mi papá, “yo no me casé, la que se casó es mi esposa”. Después la concurrencia se dirigió a la casa, donde estaba listo el purrún, con el único detalle de que el Abuelo Vicente tuvo que irse a acostar pues estaba bastante enfermo, incluso se temió que no pudiera asistir a la misa pero el legendario Don Chente se entacuchó y no se perdió tan magno evento.

Como el tema de las bebidas era un poco delicado porque muchos de los comensales, invitados de ambos lados, eran muy buenas manos para la ingestión alcohólica, mi viejo también muy previsor, encargó cinco galones de la mejor y más exclusiva cusha zacapaneca. Para no estar sirviendo de traguito en traguito, mi Tío Roberto se encargó de hacer una su mezcla en una olla tamalera, poniendo coca-cola, rodajas de naranja y de limón, la mencionada cusha y que la gente se sirviera con cucharón. Lo que nadie previó, fue que el tío Roberto preparando el “ponche”, aprovechó para irlo probando y probando, de forma que para cuando empezó la fiesta ya estaba cruzando las piernas y dando un paso para adelante pero tres para atrás según cuentan, jajaja.

El musicón, inolvidable según me dijeron. Llegó la Marimba, con lo que todos bailaron alegremente al son de los clásicos de nuestro instrumento nacional. Para redondear la variedad y el espectáculo, también llegó el grupo o como se decía en aquel entonces, el conjunto Siglo XX, que según me han dicho era bastante bueno, solo que no tengo ni idea que música tocarían, no se me había ocurrido preguntar hasta ahorita.

Total, que la noche avanzó, la gente chupó, bailó, se hartó, porque dicen que había comida por montón, estuvieron contentos y eventualmente se fueron marchando. Los que se tenían que quedar, se acomodaron como pudieron en las camas disponibles, la mayoría jatiaditos y a lo ancho para que cupieran mas, jajaja.

Los flamantes y enamorados novios iniciaron la Luna de Miel al día siguiente, recorriendo el occidente del país. 11 meses y medio después, aparecí yo en escena. Tres años y medio después de mí, llegó mi manita. Y seis años y medio después de mi manita, llegó mi manito.

Fue el matrimonio de mis papás algo ejemplar para mí. Claro, como cualquier otro tuvo sus altibajos, sus alegrías, sus tristezas, sus complicaciones, sus bendiciones, de todo. Duró 22 años, 5 meses y 2 días, cuando aquello de “hasta que la muerte los separe” se hizo lacónicamente cierto con la partida de Don Pedro. Dios sabrá por qué.

Madre mía de mi alma: Solo llevo 5 días lejos otra vez, pero desde el primer día estoy soñando con el regreso, que se producirá antes de que nos demos cuenta. La extraño mucho y la quiero infinito. Gracias.

Papá: Gracias. De alguna forma quiero creer que leerá esto y se reirá un rato al recordar todo lo que vivieron juntos. Lo extrañamos cada minuto de la vida, todos, pero allí vamos para adelante.

Muchá, mejor digamos ¡SALUD!, por el aniversario de mis viejos, porque sino me voy a terminar poniendo chillón. Hay nos vemos pues.


miércoles, diciembre 06, 2006

El Ruletero se fue para Guatemala.

El Ruletero se ha embarcado en una nueva travesía, razón por la cual ha estado un poco descuidado en la actualización de sus paradas frecuentes. Pero aquí estamos ya listos para tratar de mantener el paso acostumbrado.

De momento el Ruletero andará carrereando por las calles guatemaltecas, hasta mediados del otro mes más o menos, y sobre todo tratando de acostumbrarse y de no meter mucho las patas con los cambios, la construcción del transmetro, las vías, el tráfico ingrato, los maniáticos que solo andan buscando con quien pelearse, y la línea roja de no estacionar que vine a encontrar enfrente de mi casa. Casi me pasé llevando a los de Emetra en el obelisco porque nadie me había dicho que ya no se puede pasar recto por arriba desde Liberación hacia la 20 calle.

El asunto es que después de dos días intentando llegar que incluyeron dos horas extremas en la oficina, tres horas de camino para llegar al aeropuerto, una hora de los trámites correspondientes, cuatro horas de espera antes de que nos confirmaran que no íbamos a volar ese día, otras tres horas de espera mientras los de la aerolínea se ponían de acuerdo sobre que hacer con nosotros, media hora para la asignación de un nuevo boleto para el día siguiente con su correspondiente cambio de línea, media hora adicional en camino al hotel, que decía ser de tres estrellas pero que fácil le sobra una o dos. Una hora de espera para la cena, cinco horas de intentar dormir, una hora de espera por el bus del aeropuerto, hora y media de trámites y pago del exceso de equipaje que no tenía que pagar en la primera línea pero que la segunda fue inflexible al respecto, tres horas mas de espera, cinco horas de vuelo, una hora mas de espera acompañados de un amable agente de seguridad del aeropuerto de la capital de nuestro vecino del norte, dos horas mas de vuelo y una hora mas de recuperar equipaje, salir del aeropuerto y pelear con el tráfico, por fin llegué y cómo les decía, por aquí estaré.

A los panas en Venezuela, me alegra que las elecciones, independientemente del resultado, se hayan desarrollado en paz, así que disfruten la gaita y las hallacas, además de matarse a caña unas cuantas veces en el mes. Ya nos veremos en enero.

A los cuates aquí en Chapinlandia, déjenme un comentario y nos ponemos de acuerdo por si tienen planes para alguna malcabrestada, jajaja. También envío mis disculpas desde aquí a Sirgt y los que se iban a reunir en 4grados el viernes, pero como indiqué arriba, vine un día mas tarde de lo esperado, así que si hay convivión ahora si me avisan.

miércoles, septiembre 13, 2006

Izquierdo, Izquierdo, Izquierdo, Derecho, Izquierdo

Hoy sí, más de alguno se va a acordar de mi santa señora madre culpa de este post, pero me dieron ganas de escribirlo y aquí está publicado.

Guatemala cumple 185 años como nación “independiente”. Un término polémico. Pues el post de hoy, en cuanto a la independencia no tiene mucho que ver y aunque sé que hay muchísimas cosas importantes, del pasado, presente y futuro, como que nunca hemos sido independientes, que en lugar de independencia se puede hablar de cambio de dependencia, que los españoles, que los gringos, que los próceres, que la mamá de tarzán. Todo eso se queda de lado hoy para tocar un tema mucho más superficial. Aquí les va.

A mí si me gustaba desfilar. Ahí está. Ya lo dije. Algunos me llamaran, trabado, traumado, loco, con complejo de chafa, retrógrado. Pero a mí si me gustaba desfilar. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero cuando me tocó hacerlo el ambiente era muy particular, llamativo, no se como describirlo.

Desde primero primaria hasta tercero básico, estudié en el Colegio de Infantes, donde entre otras cosas, destacábamos en los desfiles. Era enfermiza la cantidad de horas al año que dedicábamos a ensayar. En el Campo Marte, en el Hipódromo del Norte, en los patios del colegio. Era obligatorio así que si alguien objetaba la actividad, solo que se quebrara un brazo o algo por el estilo podía safarse.

El 14 de septiembre siempre fue interesante pues el conjunto que forman el Palacio Nacional, el Palacio Arzobispal, La Catedral, el antiguo Colegio de Infantes y los Parques Central y Centenario iluminados, junto con toda la gente que llegaba a la izada de la Bandera y los 21 cañonazos, era algo bastante especial.

El 15 de Septiembre llegábamos al colegio a las 6 de la mañana. Se hacía una última revisión de uniformes. Recibíamos los respectivos discursos y arengas para recordarnos el orgullo que sentíamos por nuestro Bicentenario Colegio y la responsabilidad para con la patria. Con el cerebro mas lavado aun, inflábamos el pecho y a esperar el momento.

Salimos por la puerta del Sagrario de Catedral. Afuera escuchábamos gritos, aplausos, ametralladoras. Muchísimos ex alumnos, padres de familia, hermanos, hermanas, novias, primas, primos, cuates, cuatas, y mucha gente ajena que también iba a vernos abarrotaba la octava calle, incluido mi viejo que en gloria esté, con mis hermanos que siempre hacían todo el recorrido. “Ya va a salir el Infantes” decía la gente. Yo iba en el cuarto pelotón de la primera compañía y recordar cómo los ex alumnos cantaron nuestro himno mientras salíamos todavía me eriza los pelos. Las ametralladoras tronaban. Entre Catedral y el Mercado Central esperamos nuestro turno. Sobre la sexta calle se veían pasar las banderas y los estandartes de las otras instituciones educativas.

A eso de la 1 de la tarde enfilamos hacia Palacio. Una imagen imborrable al llegar a la esquina de la séptima avenida, ver a tantísima gente y el Palacio a nuestra derecha. Hicimos el saludo uno frente a la tribuna presidencial y también unas formaciones de compañía antes de dar el paso a nuestras dos bandas y a la segunda compañía. Cruzamos para la sexta avenida y cambiamos a paso alemán por un par de cuadras. Atrás la banda retumbaba. Aplausos, ametralladoras y hasta insultos, para decir verdad. Llegamos a la Municipalidad, donde terminaba el desfile, pero nosotros teníamos que regresar a nuestra casa. Agarramos la séptima avenida de regreso. Confieso que ya estaba cansado, pero solo tenía doce años, así que era de entender. Cuando llegamos frente a Guatel y Correos, que siempre fue un punto importante de nuestro recorrido, los ex alumnos volvieron a cantar el himno y al grito de “Bicentenario Campeón” acompañados de más ametralladoras y porras nos vieron pasar haciendo el saludo uno y a la banda ejecutando sus mejores toques. Ya se veía el campanario de Catedral. Al fin, a eso de las 6 de la tarde llegamos a una cuadra del colegio. La gente llenaba todo espacio libre para vernos entrar. Cada pelotón ejecutó alguna formación antes de entrar. Pasamos bajo el Vértice y entramos agotados pero orgullosos. Seguían más discursos. La Banda tocaba a petición del público y se mandaba romper filas. Cumplíamos un año más con nuestro humilde homenaje a la Patria. Íbamos allí, orgullosos, presumidos, sabiéndonos los mejores, con 200 años de historia sobre nuestros hombros. Así era nuestra identificación con aquel colegio, con aquel uniforme. Hace 16 años de eso.

En fin, que no quiero polemizar sobre la conveniencia de celebrar la independencia con un desfile cívico-militar pues esa no es la intención de este post. Tanto los que estén a favor del desfile como sus detractores tienen argumentos muy válidos. Si me tocara hoy en día, seguramente no lo haría y estoy prácticamente seguro de que me opondría a que los desfiles se siguieran realizando, pero en realidad los tiempos han cambiado. Ofrezco mis disculpas si esperaban un post más socialmente responsable o serio, pero es que un cuate me mandó unas fotos del colegio y me despertó los recuerdos de aquel tiempo. Se que haberlo hecho al final resulta intrascendente y trivial en cuanto a la realidad del país y a la actualidad que vivimos, pero cuando uno tiene 12 años le importa más verse bien con un uniforme de gala y recibir uno que otro elogio que las razones por las cuales lo está haciendo o lo que está celebrando. Así que, ¿ustedes alguna vez lo hicieron? ¿Qué pensaban y piensan al respecto?
Fotografía tomada el 13 de Septiembre de 1981. Al frente las Banderas y Escoltas. Luego la Primera Compañía, ganadora ese día del concurso de maniobras de orden cerrado. Al fondo se distingue el inicio de la Banda de Guerra.
Foto cortesía de la Familia Donis.

martes, agosto 22, 2006

Yo también me fui.

Estaba leyendo un post muy bueno titulado “El que se fue”, escrito por JCab en su blog Mafaca. Es un retrato muy fiel de lo que a muchos nos ha pasado y quiero escribir algo muy parecido aquí, pues me identifiqué con lo que cuenta. Antes de empezar, JCab, gracias por la idea y mis disculpas si parece plagio, pero tocaste un tema que no me gustaría dejar pasar y nunca se me había ocurrido verlo de la forma en que vos lo enfocaste. Bueno, vamos a tratar de contarlo aunque salga casi igual.

Apenas recuerdo la primera vez que fui, con algo de uso de razón, al aeropuerto. Ni siquiera entendía bien qué era ese lugar, solo me acuerdo que había frío, gente abrazándose y algunos llorando. Pero la familia estaba alegre, reía en lugar de llorar. Había emoción en la casa aunque yo no comprendiera muy bien porque. Venía la tía desde España, un lugar que debía ser muy lejos según mis pocos años me ayudaban a deducir. Llevaba unas maletas más grandes que yo, y estuvo un tiempo en la casa. Mis abuelos estaban contentísimos, y todos la abrazaban. Traía regalos, adornitos, dulces, una cantidad de cosas que me llamaban la atención. Unas semanas después volvimos a ir al aeropuerto y entonces sí, mi familia era de las que lloraba. Regresaba a España la tía.

Al poco tiempo fue la otra tía, la gemela de mi madre, que volvía de Estados Unidos, otro lugar que seguro quedaba lejísimos, pues yo ni me acordaba de ella, aunque me hablaran siempre de ella, y del primo que tenía allá, lejos. Todo fue parecido, pero con la otra mitad de la familia.

Con los años fui entendiendo de qué se trataba, y fui aceptando el ritual que cada año se desarrollaba. Siempre frío el aeropuerto por ser fin de año. Recuerdo ir en el carro con mi viejo, viendo la hora, y pararnos arriba, agarrados de la baranda estirando el pescuezo para tratar de ver el momento en que llegaran. Veíamos al recién llegado, lo saludábamos, reíamos y bajamos corriendo a esperarlo en la salida de pasajeros. Desde entonces fue algo que se ha repetido muchas veces, con mis tías en España, un par de tíos, la tía en Norteamérica, un primo, y sobre todo mi viejo, que aunque las veces que se fue nunca era por mucho tiempo, eran una ausencia que pesaba, o cuando se ha ido mi madre, que el viaje mas largo ha sido de un mes pero yo parecía chucho abandonado esperándola.

JCab lo relata muy bien. La noche de la llegada nadie se iba a dormir aunque estuviera muerto de sueño, la comida típica infaltable en la mesa, los frijolitos colados, un churrasco chapín, tamales, paches, unos chorizos, un buen chirmolito, chile, tortillas bien calientes, un botella de venado, unos litros de gallo o lo que fuera que le gustara al visitante. También se valía el tierno, jugoso y crujiente. Las conversaciones normales, poniéndose al día, que se murió el viejito de la colonia, que le cambiaron vía a la cuadra, que ese edificio no estaba, que fulanito ha estado malo pero parece que ya mejora, que la cosa allí va, que con este presidente a lo mejor. Y allá ¿cómo estás?, contanos como es todo, si has conocido bastante, el trabajo debe ser duro. Con los días, y tal y como lo dijo Jcab, la ruta turística. La Antigua, Amatitlán, Atitlán, el Puerto, Xela, Esquipulas, y a donde se pudiera ir. En nuestro caso, las primeras visitas no incluían el cementerio, ahora lamentablemente ya es un punto obligatorio en el itinerario, para las dos ramas de la familia.

Así, pasaron los años. Yo fui siempre al aeropuerto a traer a la familia, desde que era un bebé, después como chavito travieso que casi me tenían que tener amarrado y no descuidarme porque era capaz de caerme por la baranda e ir a dar al primer piso. Después como adolescente con su desinterés y apatía normales de la edad. Desde que me tenían que llevar en brazos hasta que era yo quien los llevaba en el carro, después de que mi viejo se marchó a un lugar de donde no se regresa. Desde que me abrigaban y mi madre me arrullaba para que no me diera el frío hasta que los de emetra me pusieron una multa por mal estacionado.

Ahora, soy yo el que está lejos, soy yo el que se fue, soy yo a quien van a esperar al aeropuerto cada vez que se puede desde hace algunos años. Soy yo quien sueña con ese momento en que después de sellar mi pasaporte camine un poco y mire hacia arriba, hacia la misma baranda, buscando con ilusión las canas y la risa de mi madre, las ojos de alegría de mi hermana, el brazo en alto del hombre en que se convirtió mi hermanito, quien lleva a los otros a buscarme. Ahora soy yo el que mira para arriba buscando la boina de Jorge, los saltitos de la Vivi, los pelos despeinados de la Patty. Ahora soy yo quien después de recoger la maleta se apura a ver para arriba buscando la barba del Primo y el saludo de su esposa, los colochos de la Laly y en su mano una gallo bien fría, la melena del gran Lev y su abrazo siempre sincero, la frente del Caballo, cada vez mas grande o los bigotes del Mario y en sus brazos mi sobrina postiza. Ahora soy yo el que pregunta como están todos, que cambios ocurrieron, falta alguien, ha nacido alguien, como van los rojos. El que lleva el tiempo organizado para tratar de verlos a todos aunque sea un día, el que va al mercado central a buscar artesanías. El que pide que en lugar de cena le tengan unos shucos del liceo esperando la llegada.

Sí siempre asocié el aeropuerto con clima frío por la época del año en que solía ir, ahora son dos las sensaciones. Un calor de hogar increíble cuando estoy llegando, y un frío desolador cuando me voy de nuevo. Ya han sido varias las despedidas, desde la primera cuando no sabía cuanto tardaría en volver.

Bueno, eso era más o menos lo que les quería contar inspirado por el post de JCab. De nuevo mi agradecimiento y el ofrecimiento de mis disculpas por el plagio solapado.

miércoles, junio 14, 2006

Hace 7 años que mi viejo, Don Pedro, se fue al cielo.

Pedro Sique Ruiz
1950-1999

Jamás voy a olvidar ese maldito día. Pido perdón por el rencor que me da, pero no voy a hacer nada por evitarlo, no voy a dejar nunca de ver ese día como un día nefasto. Da igual que digamos de boca para afuera que aceptamos los designios de Dios, que encontramos resignación en la fe, que sabemos que fue lo mejor porque no sufrió. Mentira, mentira y más mentira. No lo acepto, me niego a aceptarlo. No puedo creer que Dios decida dejarnos sin una persona buena mientras permite que tanto mal nacido ande a sus anchas y cause daño cada día de sus vidas.

Nuestro egoísmo nos impide aceptarlo, y hoy, cuando ya han pasado siete largos años sin mi padre, me niego a aceptarlo mas que nunca, porque Don Pedro tendría que haber vivido mucho mas, para llevar todo lo bueno que era a mas personas, porque lo necesitábamos, mi madre, mis hermanos y yo. Porque era una persona honesta, correcta, decente. Porque hubiera sido un gran abuelo. Porque hay millones de razones.

Fue un jueves, 17 de junio de 1999, ironías del destino, día del padre. Hacía casi dos semanas que mi papa había salido del hospital, y aunque lenta, la recuperación era visible, o al menos eso queríamos creer.

Me levanté como a las siete de la mañana. A las 8 estaba listo para irme a trabajar. Era el segundo año de Mac Computación. Mi papá se levantó y se preparó para irse a la Misa por el día del padre al colegio de mi hermano. Gustavo, mi tío y socio en Mac, me pasó buscando a la casa. Como ya era la hora pasamos dejando a mi papá a la iglesia, después lo buscaría mi tía Patricia pues tenía cita en el doctor. De haberlo sabido, era la última vez que mi viejo saldría caminando de la casa.

Hacía el final de la mañana estaba yo en una librería revisando el sistema de facturación cuando me avisaron que mi viejo iba camino al hospital. Una crisis, aparentemente un infarto. Salí corriendo para allí. El cuadro ya era estable, aparentemente lo mas grave había pasado. Aun contra las reglas del hospital me colé para hablarle, y correcto como siempre, me regañó porque me había entrado sin permiso, un claro ejemplo de cómo era Don Pedro. Estuve un rato con él, hablamos no recuerdo de qué, le di la mano y un abrazo y me salí cuando me volvió a decir que me saliera antes de que los doctores me encontraran allí y me sacaran. Serían ya las 2 de la tarde prácticamente. La hora de visita sería al final del día. Nunca más vería a mi padre con vida.

Salí de allí y seguí trabajando. Había que entregar un equipo, pero nos faltaba el monitor que había llegado de estados unidos con defecto. Le compramos uno a Ludwing y nos encaminamos a entregar la máquina. Era lejos, bastante lejos. Tardamos demasiado. Cuando llegamos con Gustavo al hospital ya no nos permitieron entrar. Lo intentamos pero fue imposible. Llegué a la casa a eso de las 9 de la noche, mi madre estaba tranquila, según los doctores solo debía quedarse esa noche en observación y a la mañana siguiente lo tendríamos en casa de nuevo.

Ese día se estrenaba StarWars Episode I, The Phantom Menace. Como buen fan estaba listo para ir al estreno a media noche. Al asegurarme que mi padre estaba bien y que yo no podía hacer nada mas que esperar, le pedí permiso a mi mamá para ir al cine, donde me esperaban el gran Lev Andropov, su hermana Mabi, Checha Hernández, y el chino. Vimos la película, emocionados. Del cine a mi casa eran menos de cinco minutos. Íbamos en el carro de Mabi.

Al dar la vuelta en la esquina de mi cuadra vi carros conocidos frente a mi casa. Vi a Gustavo y a Luis Chang en la puerta. No necesité que me dijeran nada. No tuve que esperar a bajarme del carro. Enseguida lo supe. Mi viejo nos había dejado, se había ido al cielo. A partir de allí todo se vuelve un poco borroso. El gran Lev y los demás me acompañaron durante esa madrugada. Llamamos a las tías en España. Esperar que amaneciera.

Ese viernes en la mañana mientras se terminaban los trámites en el hospital para ir a la funeraria yo estaba en un maldito banco cambiando un cheque para cubrir un giro que teníamos que enviarle a un proveedor en estados unidos ese mismo día. ¿Cómo pude ser tan imbécil? ¿Tan indigno? Por eso hoy en día me tranquiliza un poco saber que Mac Computación se fue a la mierda, porque el día antes mientras yo estaba instalando una mierda de computadora dejé pasar la última oportunidad que tuve de hablar con mi padre, porque estuve donde un cliente en lugar de ir al hospital a la hora de la visita. Porque yo debería haber estado a su lado y no preocupándome por vender una miserable G3. Peor aun, esa mañana de viernes, yo tenía que estar con mi mamá, apoyándola, apoyando a mis hermanos, y no cambiando un maldito cheque en un banco porque era obligatorio pagarle al proveedor ese día. Que se vayan a la mierda los bancos, los proveedores en Miami, mac computación, apple computer y todo lo relacionado con eso. Que se vayan a la mierda los clientes, que me vaya a la mierda yo mismo. Jamás dejaré de sentir culpa por eso. Lo siento Viejo, ruego a Dios que me perdonés por eso.

Al medio día ya estábamos en la funeraria. Ahora los que se pusieron idiotas fueron los de la dirección de cementerios. Nos tuvimos que ir al cementerio general a obtener los permisos para utilizar el mausoleo de la familia en el cementerio de la Villa. A esas horas el gran Zacapa ya había llegado y él me acompaño durante el resto del día. Todavía en la tarde pasé donde otro cliente buscando un cheque, allí por la diagonal seis. No tengo perdón de Dios. Les juro que pienso en eso y la culpa y la cólera me siguen haciendo llorar.

Las largas horas en la funeraria no las recuerdo muy bien. Supongo que allí es donde mas afectado estuve. Recuerdo a mucha gente, al gran Lev, a Rolando, al Caballo, Mario Casasola y su esposa, recuerdo a la bebé de Mario durmiendo en un sofá de la funeraria. Recuerdo familia, amigos de mi papá, los compañeros de colegio de mi hermano. Incluso recuerdo un cerote, no se me ocurre otra forma de llamarlo, que fue compañero de trabajo de mi papá antes que yo naciera y que aun viendo que estábamos en el velorio de mi padre, tuvo los huevos de pedirme dinero para irse a “echar un trago” porque estaba de goma…Dios, hasta donde cae la gente.

Ese sábado en la mañana, hacia las siete, tuvimos que estar presentes en el cementerio pues había que exhumar el cuerpo de un hermano de mi abuelo para utilizar ese nicho para mi padre. Fuimos con Gustavo como testigos. Tengo esa impresión grabada en la memoria, después de 30 años enterrado aun quedaban muchos huesos, pelo, ropa. La hija del señor que se exhumó sufrió una crisis de nervios.

De la funeraria nos encaminamos a la casa, pues queríamos que mi papá estuviera una vez más en su hogar. Yo iba en el carro de la funeraria acompañando a mi viejo. Allí rezamos y nos fuimos a la Misa. Después al cementerio. Después del entierro recuerdo que me quedé solo sentado frente a la tumba y me puse a cantar Hey Jude, de The Beatles, canción favorita de mi papá. El gran Lev me llevó la letra. Cuando ya me iba llegó el Taz. El me acompañó a la casa. No recuerdo nada del resto del sábado ni del domingo. Solo se que ese lunes 21 de junio, a las 8 de la mañana ya estaba en la oficina, no quise tomarme unos días, no quise descansar. Simplemente seguí trabajando. Pobre diablo que soy.

Hoy, cuando ha pasado todo ese tiempo, cuando veo para atrás y me doy cuenta de todo lo que ha cambiado mi vida, no puedo evitar preguntarme como sería si la fatalidad no se hubiera llevado a Don Pedro aquel día. Seguramente nunca me habría ido de Guatemala. No lo se y tampoco tiene mucho sentido preguntármelo.

A toda la gente que estuvo conmigo y con toda mi familia durante tan dura prueba quiero darle las gracias, a los que vi, a los que no vi, a los conocidos, a los desconocidos, a todos los que de una u otra forma nos apoyaron. Si nunca se los dije en persona, aprovecho este post para hacerlo.

A mi madre y hermanos, quiero decirles que se que les he fallado, que desde que estoy lejos les he fallado. Pero ya lo voy a arreglar. No falta mucho para que vuelva a empezar de nuevo en Guatemala. Los quiero infinito.

A mi papá, allá arriba, quiero decirle que me hace falta. Lo extraño no sabe como. Agradezco y atesoro todo el tiempo que pasamos juntos. Hoy que estoy sentado escribiendo esto con las lagrimas contenidas a la fuerza se decirle papá que no lo he hecho tan mal, pero que lo puedo hacer mejor. Que dejé sola a mi madre y a mis hermanos pero que ya voy de vuelta. Quiero decirle que algún día, cuando llegue el momento, mis hijos sabrán que tuvieron un abuelo que era el mejor del mundo, que Don Pedro era un ejemplo a seguir, que era un modelo de caballerosidad, de corrección. Que todo lo bueno que yo soy se lo debo a usted y que no soy nada a la par suya. Viejo, estoy llorando con todo el dolor de mi corazón pero lo estoy haciendo como los hombres, con la cara levantada, con la frente en alto. Que lo recuerdo todos los días de mi vida. Que aquí estoy y aquí sigo. No se como expresar lo que siento, es una mezcla de remordimiento, de odio, de dolor, de tristeza. Sobre todo tristeza. Algún día se me quitará, aunque no se cuando.


jueves, junio 08, 2006

10 de Junio de 1781 - 10 de Junio de 2006. 225 años de Gloria.

Jubilosos cantamos hoy día, oh glorioso Colegio de Infantes,
Celebrando con gran alegría, largos años de lucha constante.
Son tus hijos que ven reverentes, desfilar bajo el clásico vértice
A dos siglos de historia viviente, que a la patria han servido de guía.


Así, con la primera estrofa del himno al bicentenario inicio este humilde homenaje a la casa de estudios que me formó.

Hoy, cuando cumple 225 años de existencia, 225 años de gloria, de presencia en el diario acontecer de nuestra patria. Hoy en el CCXXV Aniversario de la Fundación del glorioso y bicentenario Colegio San José de los Infantes, quiero publicar este post como un humilde homenaje personal a esa gran institución.

Faltaban 30 años para que Guatemala fuera una nación independiente. La Revolución Francesa que tanto aportó al mundo ocurriría 8 años después. Los Estados Unidos apenas hacía 5 años que habían concretado su independencia. Latinoamérica entera era una colonia del imperio español. La capital de Guatemala recién se trasladaba a su emplazamiento actual, el Valle de la Ermita.

Era el año de gracia del Señor de 1781, mediado ya en su recorrido. El IV Arzobispo de Guatemala, Dr. Cayetano Francos y Monroy, funda el 10 de Junio “Colegio de Seises de San José de los Infantes”, que con el paso del tiempo sería conocido como “Colegio San José de los Infantes”, la institución educativa privada mas antigua del país.

Terremotos, revueltas, guerras, independencias, anexiones, separaciones, todo, desde aquel día, lo ha superado el Glorioso Bicentenario. Y sigue ahí erguido, simbólicamente bajo el campanario sur de Catedral, a la sombra de su cúpula, aunque físicamente se encuentre en otra parte. Los espíritus del centro de la ciudad saben que esté donde esté, ese es el verdadero Colegio de Infantes, ese edificio en la esquina de la séptima avenida y octava calle, donde tantas veces cruzamos bajo el Vértice, contribuyendo con nuestros pasos al desgaste de la piedra izquierda de la puerta principal.

Aun recuerdo la primera vez que entré allí como alumno. Era una mañana fría de Enero de 1984, yo tenía 6 años, recién cumplidos, y luchaba por no echarme a llorar como muchos de los compañeros al ver como nuestros padres iban a dejarnos allí, solos, sin saber muy bien por qué. Y recuerdo que no lloré. Aquel año el Glorioso Bicentenario cumplía ya 203 años de existencia. Si no recuerdo mal, Mejía Víctores gobernaba en el Palacio Nacional, a escasos metros del Vértice, de la puerta principal de nuestra nueva casa. Recuerdo a muchos compañeros, aunque hoy en día son simples sombras con algún nombre, posiblemente equivocado. Recuerdo a algunas de las autoridades del colegio presentes ese día, Ponce, Ruano, Castillo, Moraga, mi maestra de primer grado sección B, la seño Lucky. Por supuesto, El Cuervo, Presbítero y Licenciado Cristóbal Ramírez Monterroso, XXXIV Rector del Colegio, desde el año 1955, artífice de su reconstrucción y de su segunda época de oro. Ese día en la formación rezamos, guiados por el Padre Cristóbal y después a nuestras clases.

Nueve años después, me largué de allí, triste, una noche fría de octubre de 1992, con el colegio iluminado, con la catedral grandiosa, cerrándome el ziper de la chumpa blanca, y sin ver para atrás, para no regresar. No podría graduarme de mi Colegio. Eso si que me arrancó una lagrima, la que no había derramado casi una década antes.

Atrás quedaban innumerables recuerdos, tradiciones, leyendas, amigos, conocimiento. Aun hoy recuerdo la primera vez que me puse el uniforme de gala, allá por el 84, hasta la última vez que lo use, el 15 de septiembre del 92. Mi primera comunión, en el 85. El mundial de México en el 86. La seño Miriam en segundo primaria sección B, Doña Luci de Dávila en tercero sección B, el profe Edwin Florián de cuarto a sexto sección B. Recuerdo los partidos de fut en el patio del colegio, el maicillo que vendían en la catedral para dispararlo con un lapicero bic, recuerdo el uniforme de educación física, el hipódromo del norte a donde nos llevaban a correr. Recuerdo los campeonatos ínter aulas, recuerdo las olimpiadas académicas, mi participación en ciencias naturales y redacción. Los campos de Vista Hermosa, el campo Marte. Recuerdo haberme enojado porque no tenía el tamaño necesario para desfilar con el pelotón de primaria aquel año de 1989. Recuerdo a mi viejo, que en gloria esté, llevándome al colegio en la cucarachita azul, un volkswagen escarabajo del año 68. Recuerdo que con nosotros venía el Otto René Morales, un año menor que yo, que vivía a dos cuadras de mi casa y quien el destino quiso que muriera hace dos años. Que en paz descansés mano. Recuerdo las elecciones, la victoria de Vinicio. Recuerdo los dos intentos de golpe de estado contra Cerezo, con tanques en el parque central, con soldados en los campanarios de la catedral, nosotros saliendo por la puerta de atrás del colegio, corriendo para la décima avenida. Recuerdo caminar desde el Infantes hasta mi casa, siempre con el gran Otto, como los dos chavitos que éramos, sin ser concientes de lo tenso de la situación. Recuerdo huelgas, el año que ganamos por decreto por la huelga del magisterio, recuerdo llantas quemadas, disturbios, aumentos al pasaje. Recuerdo las camionetas 2 negro y 14 rojo, hoy 82 y 101, que me llevaban y traían de vuelta. Recuerdo el Coro del Colegio, del cual participé, razón primordial para su fundación y del que yo fui parte 200 años después. Recuerdo a Don Marco Antonio Cevallos y Doña Elena de Cevallos directores del Coro, auténticos señores, ejemplo de rectitud y honor. Recuerdo participar en Juventud del Colegio Don Bosco con el Coro, recuerdo que allí estaban el Palacios, el Arriola, de los de secundaria de aquel tiempo Eddy Palacios que hoy es sacerdote, el Tablas, Ramazzini, y no se cuantos mas. Nos daban 10 puntos por clase al participar del coro, noble razón para meterse. La Eurocopa del 88, que ganaba la Holanda de Gullit, Van Basten y compañía a las cenizas de la Unión Soviética de Rinat Dasayev y Oleg Protasov mientras yo me escapaba del ensayo del coro para ver los goles de aquella final. Recuerdo el partido de Guatemala contra Canadá rumbo a Italia 90, en Canadá, con el gol de palomita del chino Castañeda y el otro gol de Marvin Cevallos desde fuera del área, viendo el juego en la casa del Enano López Estrada mientras celebrábamos que había terminado el año escolar. Recuerdo el día en que sacaron al Padre Cristóbal de la que era la obra de su vida, un día infame y el primero del fin del verdadero Infantes. Recuerdo la muerte de mi Abuelo, un par de días después de terminar sexto primaria.

Recuerdo el salto a la secundaria, 1990, primero básico sección A, el mundial de Italia. Las largas horas de ensayo para el desfile, para salir a la calle orgullosos de ir en el Batallón Gris. Recuerdo ese Cuarto Pelotón de la Primera Compañía, comandado por el Chompipe, Juan Carlos Hernández. Recuerdo mi expulsión en el 91, insignificancias de la vida. Recuerdo la pelea en Don Bosco contra el San Sebastián, antes de un partido de Volley Ball. Recuerdo la Huelga, por primera vez en 210 años de historia el alumnado del Infantes se iba a la huelga, porque nos querían quitar un derecho innegable, desfilar con gallardía en nuestro aniversario y en el aniversario de la patria. Días gloriosos, llevando sol en el parque central, con el colegio cerrado, el comité de padres de familia formado de emergencia negociando. Recuerdo ese 15 de Septiembre, que grande, desfilamos sin instrumentos, algunos nada más que nos prestaron otros colegios, pues los nuestros estaban secuestrados en las catacumbas de la catedral. Recuerdo desfilar en columna, con un brazalete de luto. Recuerdo ir hasta el San Sebastián, rival de toda la vida pero hermano en ese momento, a cantar nuestros himnos. Recuerdo la noche de ese viernes 20 de septiembre, cuando las madres de familia del colegio rezaban el rosario en el patio del Palacio Arzobispal, y nosotros esperábamos el resultado de las negociaciones. El Arzobispo de Guatemala en aquel entonces, Próspero Penados del Barrio nos comunicaba que se iban las autoridades, se iba la junta directiva, tan nefasta como pocas tuvo el colegio. Se regresaba a clases, recuerdo ese lunes 23, las ametralladoras tronando, los mariachis cantando, y la chumpa blanca de regreso. Recuerdo el 92, el sudadero de tercero básico C, gris y negro, todavía está en mi casa. Durante esos 9 años recuerdo a muchos compañeros, Palacios, Willi, Mora, Arriola, El Sapo, el Enano, Angel, Checha, Zamora, el Mono, Godzilla (Mario Solórzano, que en paz descanse), el Guasón, Monzón Cajas, el Cholla, La chucha, el zancudo, Paz, Patzan, el chino Soberanis, el chino Andrino, Pablo Palencia, el pollo, Enriquez, draculín, Valdez Abril, Kestler, Bolaños, Alan, Denis, la gallina Cacao, Coyoy Paz, Julio Cesar, el tigrillo, el pelón, el chicharrón, Méndez, y un largo etcétera, etcétera, etcétera.

Recuerdo cerrar la página, y guardar toda esa historia en un lugar privilegiado de mi memoria. Recuerdo ese 20 de Octubre de 1994, coincidiendo con los 50 años de la Revolución del 44, haber asistido a la misa de graduación de la que tenía que ser mi promoción. Tres días después era mi graduación, en otro lugar, con otro uniforme, y salvo por los amigos que allí conocí, por lo demás era insignificante.

Recuerdo haberme mojado un año después durante el último desfile antes de que el ministerio de educación terminara con ellos, ya como universitario, un 15 de septiembre del 95. Recuerdo haber ido a cantar el himno del colegio, frente al colegio de verdad, en el centro. Íbamos como ocho en el honda civic del Palacios, todos bolos, sin licencia de manejar. Recuerdo haber cantado como sigue:


HIMNO DEL COLEGIO SAN JOSE DE LOS INFANTES

Coro
Del Colegio de Infantes la gloria,
En acordes alegres cantemos
Las dulcísimas liras pulsemos
Celebrando sus triunfos de honor.

I
Cien renombres pregonan ilustres
Del colegio de Infantes la gloria
Que en sus páginas bellas la historia
Los grabó con su dedo inmortal.

Coro.

II
Y ante el ara del Dios trino y uno
Y en la cátedra siempre elevada
Y en el foro y tribuna ensalzada
Dieron vida al ideal redentor.

Coro

III
Guerra eterna de hinojos postrados
A los vicios por siempre juremos
Por la iglesia doquier figuremos
Con orgullo adorando la cruz.

Coro

IV

Quien del místico salmo tuviera
Poderoso e inspirado el aliento
O el gigante salterio que el viento
Suele recio en las cumbres pulsar

Coro
V
Más en premio de gloria tamaña
Es el canto homenaje pequeño
A quien lucha por Dios con empeño
Se le puede en la tierra premiar

DEL COLEGIO DE INFANTES LA GLORIA,
EN ACORDES ALEGRES CANTEMOS
LAS DULCÍSIMAS LIRAS PULSEMOS
CELEBRANDO SUS TRIUNFOS DE HONOR

lunes, enero 02, 2006

RESULTADOS DEL EXPERIMENTO NAVIDEÑO

Seguramente no saben a que experimento me refiero, pero paso a explicárselos.

Pasa que este año decidí no escribirle a nadie enviando felicitaciones de navidad o de año nuevo, no por falta de tiempo o algo así, sino que mi intención era ver cuanta gente me escribía para felicitarme a mí pero tomando la iniciativa y no en respuesta a un correo previamente recibido. Como comparación utilicé los datos de la Navidad 2004, en la que envié en grupo un mensaje navideño y de año nuevo a 57 personas, recibiendo 23 respuestas al mensaje y 11 correos directos no en respuesta al mío.

Solemnemente puedo anunciar que los resultados del 2005 son muy reveladores por lo lamentables que son, jajaja. Así de patético como suena, desde el 1 de diciembre hasta el 31 del mismo recibí únicamente 8, si, ocho, 8, 7+1=8, solo 8 correos. ¿Motivante verdad? Distribuidos mas o menos así:

- 5 de los 8 correos los considero indispensables. Si esos hubieran faltado si ya era cosa
de ponerse a llorar. Los otros 3 los agradezco de todo corazón aunque creí que habrían
otros que recibiría antes de esos.
- 4 de los 8 correos eran parte de un grupo de personas y solo los otros 4 eran directamente
para mí (egocéntrico el cerote pero que le vamos a hacer).
- 5 mensajes llegaron antes del 24 de diciembre, el resto entre el 24 y el 31 a las 11 de la
noche hora de Caracas.
- 1 de los mensajes fue dejado en El Ruletero, el resto en alguna de mis direcciones.
- 4 de los mensajes eran un par de líneas con las frases acostumbradas.
- Existen por lo menos otros 5 correos indispensables que no aparecieron, nada mas que
decir.

Ya podrán ustedes comparar con lo del año pasado. Las personas que me escribieron son las siguientes, aunque aclaro que las coloco en el orden en que llegaron los correos y no utilizando ningún otro criterio, únicamente el cronológico.

- Mi querida Regina.
- El Checha Dávila (mas conocido como el “Larssen”)
- Mi hermanita del alma.
- El Christian Martínez “Menegazo” (jajajajaja)
- El legendario y único Lev Andropov.
- Mi adorada Laurita.
- El mismísimo Chamuco (Más conocido como Vinicio)
- El gran Caballito (mas conocido como David Melgar)

Pues eso es mas o menos el panorama. Por todos los mensajes que NO recibí la verdad es que no siento nada en particular, molestia, cólera o tristeza. Creo que es normal que cuando uno se larga lejos sea uno precisamente el olvidado, pues es mas fácil continuar con la propia vida para los que se quedaron rodeados de todos sus seres queridos y pasar a segundo plano a los que ya no estamos tan próximos.

Así que nada, a seguir con un nuevo año. Para todos los que pasen por aquí de nuevo un Feliz Año 2006, y acuérdense que la Guadalupe-Reyes no termina hasta el viernes y si van un poco atrasados es el momento de hacer un sprint final con la intención de alcanzar a los punteros, jajajaja. Salud!!!!
P.D. Si así fueron los resultados para la Navidad imagínense como serían los de mi cumpleaños, tan lamentables que mejor ni los publiqué, jajajaja. De nuevo, SALUD!!!!!

jueves, diciembre 22, 2005

Abrazos y Felicidad para Todos. Mi mensaje en Navidad.

Intentaré escribir algo que sirva como mi mensaje de navidad para todos los que amablemente lean este blog. Básicamente la idea central del post es el mensaje navideño que envié por email el año pasado, algunos lo habrán leído y otros no pero es casi lo mismo.

Quiero pedirles que recuerden el verdadero sentido de la navidad, lo que en realidad estamos celebrando y es lo más importante sobre lo que tratan estas fechas. Cada 25 de diciembre celebramos el nacimiento de Jesucristo, hijo de Dios nuestro Señor. Las fiestas son de Él, pertenecen a Él, no a nosotros. Él nació, vivió, murió y resucitó por nosotros, pero según parece a la mayoría nos da lo mismo, solo es una excusa mas para parrandear. Nos olvidamos de la importancia que esto debería tener y si la fecha coincide o no históricamente con el nacimiento creo que también es irrelevante..

La navidad no es ir como desesperados a comprar regalos en un afán consumista desenfrenado. La navidad no tiene nada que ver con la nieve por más que traten de hacérnoslo creer y por supuesto el condenado muñeco de nieve tampoco tiene ninguna relación con la navidad. Ese viejo panzón que va vestido de rojo y que el asqueroso ni se afeita no crean que se esta riendo con nosotros, noooo, el muy desgraciado se está riendo DE nosotros, pensando en que otra vez, un año mas, caímos en la trampa comercial en la que caemos todos los años. Tampoco el árbol con el montón de adornos tiene nada que ver en todo esto, por eso me niego a llamarlo “árbol de navidad”. Ya puestos a mencionar tampoco pintan nada los renos, ni el grinch, ni los elfos, ni el polo norte, ni nada de nada de eso.

Jesús nació en un humilde pesebre en Belén, y con Él únicamente estaba su Santa Madre la Virgen María y San José. Allí no estaba el gordo de rojo dando de gritos jojojo ni ningún duende hace-juguetes, tampoco había nieve y los árboles cercanos si es que los había casi con total seguridad eran plantas de dátiles y no tenían ningún adorno.

Recuerden, quien nació esa fecha es Él, así que de nuevo les digo que la fiesta es de Él, es a Él al que hay que felicitar y no felicitarnos nosotros. Es en honor a Él que nos alegramos. ¿Cómo podemos felicitarlo? Pues siendo mejores personas cada vez. Intentando y logrando comportarnos como verdaderos cristianos. Dejemos de lado los complejos y las ataduras de las iglesias organizadas de cualquier denominación, se llamen como se llamen, y creamos en Él sin necesidad de darnos golpes de pecho enfrente de los demás. Por favor, tratemos de no pedirle cosas, mejor ofrezcámosle nosotros algo, nuestro esfuerzo, nuestra voluntad por vivir en su camino, nuestra lucha diaria. Pensemos un poquito en esto y tengámoslo presente.

Para suavizar un poco todo esto, yo estoy de acuerdo en que la ilusión de esta fecha es de los niños y que si es posible darles un regalo pues no hay nada de malo en esto siempre y cuando se les enseñe el verdadero significado de la ocasión, que conozcan a Jesús, piensen y crean en Él.

En cuanto a las supuestas tradiciones, si vamos a celebrar la navidad con rituales simbólicos por lo menos seamos auténticos y tengamos identidad propia. Dejemos perdida la vanidad, no seamos víctimas de la masificación. Lo mejor es un buen nacimiento tradicional, hecho con mucho trabajo y cariño, en familia, con ilusión. Y si tanta es la gana de poner un árbol adornado por lo menos tengamos la gentileza de usar uno artificial, no sigamos fastidiando el planeta utilizando árboles de verdad en tan inútil tarea. No desperdiciemos a nuestros amigos los árboles sacrificándolos para que por algunos días les cuelguen un par de bolas de colores y después a la basura.

Termino este breve mensaje con todo cariño, haciéndoles llegar los mejores deseos para estas fiestas, que este año nuevo que va a comenzar les depare a todos lo mejor posible y que en compañía de los suyos reciban estas fechas con amor, con esperanza, con fe, con ilusión y en paz.

Un gran abrazo,

Andy


sábado, diciembre 03, 2005

LLEGAAAAA NAVIDAD!!!!!

LO QUE ME HACE FALTA Y LO QUE NO EXTRAÑO PARA NADA DE LA ÉPOCA NAVIDEÑA GUATEMALTECA.

Llega de nuevo la época navideña, una vez mas estamos en diciembre y estaba pensando en que esta será la cuarta navidad que paso fuera de Guatemala y pues me puse a recordar los pintorescos detalles que acompañan a nuestro querido país desde finales de noviembre hasta ya empezado enero, así que aquí hago una lista de las cosas que se me han ocurrido. Espero que agreguen ustedes algunas cuantas más.

Lo que me hace falta de Guatemala en esta época:

Mi madre, mis hermanos y la familia. (obviamente.)


Los que están pasando la Navidad con Dios allá arriba. (Mi padre, la abuela naya, la abuela elfa, el abuelo Vicente, la tita y los amigos que se han marchado).


Los amigos y amigas. (Primo, antes de que alegués ni mierda vos vas en la familia.)

Mi casa. (También obviamente)

El frío. (Aquí el 24 de dic del año pasado estaba como a 30 grados la temperatura, mas parecía semana santa que navidad, así no se puede.)

La Guadalupe-Reyes (aunque para algunos sea Reyes – Guadalupe, o Reyes –Reyes, a la cual le reservaremos un post).

Los chupivios. (a que grandes jornadas aquellas de Mac Computación unida con L&L Publicidad)

La gira para visitar a los amigos del colegio el 24 de Dic. (Aló Caballo)

El partido de Solteros contra Casados en Jumuzna, Rio Hondo, Zacapa (No pisados…el de ida el fin de semana antes de navidad y el de vuelta el 31 de Dic, chilamierda si es como de la champions league, jajaja)

El tercer tiempo de dicho partido (o sea, el chupe después del partido, con alcohol por galones, chicharrones y yuca cocida, etc.).

La canción de B&B. (aquella que decía eso de “una mesa bien servida, una mesa distinguida, es donde hay productos B&B…”. Yo creo que siguen usando la grabación original de hace sopotomil años, pero no pareciera navidad sin la mencionada cancioncita).

Ahora las cosas que definitivamente NO extraño para nada de Guatemala en esta época:

La desgraciada canción del maldito Buki. (Que le da nombre a este post y para los que no saben cual es, es aquella de: “llega naaaavidad, y yo sin ti, en esta soledad...”, a que recerote el Buki de verdad, que ganas de ponerlo a uno todo deprimido en esos días. Por suerte aquí ni la conocen.)

La campaña de: Faltan 25 días para que llegue Diciembre. (y así sucesivamente hasta llegar a navidad, por la gran puta, que estress, a los que se les ocurrió semejante idea habría que amarrarlos juntos a un árbol y dejarlos allí a pan y agua durante todo el tiempo que dura)

El arbolito navideño Gallo. (Porque cuando Jesús nació no había arbolito navideño, pero de eso hablaremos en otro post, igual que del cerote muñeco de nieve. Además del tráfico que se vuelve en el obelisco y yo tenía que pasar por allí todos los días)

Las luces Campero. (Mas que nada por el tráfico que se hacía ese día, y ya eran todas iguales, con verlas un año ya daba lo mismo.)

El desfile navideño Paiz. (Igual que el anterior, además uno quería salir ese día a cualquier parte y la ciudad completa congestionada por el famoso desfile.)

La quema del Diablo. (Que mala costumbre señores, a ver si se nos van quitando esas mañas por Dios, que gana de ensuciar la ciudad y de fastidiar la atmósfera, porque hay gente que no se limita a ramas secas, sino que hasta colchones o llantas viejas queman, eso no puede ser. A ver si aprovechamos a desaparecer lo relacionado a Diciembre 7 de una vez (mensaje con trampa para yo se quién))

La venta de media noche de Cemaco. (que es eso, que manera mas vil de hacerlo gastar a uno, y encima uno de mula a ver si compra porquerías que no necesita, y siquiera fuera porque las chicas llegaran en sus camisoncitos de dormir o en algún sexy conjunto nocturno, pero noooo, la mara llega en pants y dice que esa es su pashama, pa que diablos.)

Las luces de Pricesmart Próceres. (porque cuando toca año de hacerlas allí mi chucho se asusta el pobrecito, es que es mero miedoso, y al oír las explosiones tan cerca como que se trauma.)

Que te digan y tener que decir Feliz Navidad o Feliz año a todos. (Porque si son familia o amigos esta bien, pero que a cualquier desconocido se le tenga que decir ya raya en lo absurdo, o que llegue el 23 de enero y cuando alguien te llama todavía te dice feliz año, por favor…)

Los tamales. (A pesar de que me gustan no los extraño, porque desde que tengo úlcera se convirtió en un deporte extremo o en actividad de alto riesgo comerme un tamalito, así que el 24 en la cena prefería entrarle a la pierna horneada que hace mi mamá, porque a pesar de que también me causa molestias me gusta mas, entonces vale la pena la chingadera de la úlcera.)

Los centros comerciales. (Por suerte muy rara vez tenía que entrar a uno en esta época, las compras las hacía la familia. Que sitios más desagradables.)

La canción del año viejo. (aquella que decía:”yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas, me dejo una chiva, una burra y una buena suegra”, o algo así, aunque no recuerdo el orden exacto, jajaja.)

El brindis del bohemio con Chalío Titipuches. (sin comentarios).