El otro día había un tipo que entrevistaban en la televisión, y el compadre respondía a la pregunta de cuantas veces se había casado, pues que hasta la fecha cuatro. Ante la respuesta, el entrevistador se limitó a preguntar que cuál de las esposas había sido la mejor. Que conste que era un programa de deportes, así que no venía al caso el tipo de preguntas pero eso no evitó que el entrevistado respondiera con una gran verdad: La mejor es siempre la actual, siempre la última, siempre la mas reciente, porque las anteriores ya han sacado las garras y mostrado los colmillos. Vaya pedazo de sabiduría con la que me topé sin querer.
Y es que pensándolo bien, el problema con las mujeres, que tanto las adoramos y amamos y necesitamos a pesar de todo lo que abusan de nosotros indefensos caballeros, es que una vez que sacan las garras no pueden volver a guardarlas. Están impedidas físicamente para retraer las garras una vez que estas hirientes, punzo cortantes y desgarradoras armas han sido expuestas en preparación para el ataque. ¿Ustedes han visto a los gatos cuando se ven amenazados como pelan las garras y enseñan los colmillos listos para acuchillar a cualquiera, convirtiéndose de tiernos micifuces en diabólicas y salvajes bestias en un instante? Por cierto, animales mas cerotes pero ese no es el punto, la cosa es que una vez que ha pasado la amenaza, las garras desaparecen y los colmillos se esconden, regresando a su estatus de dulces criaturitas del señor (pajas, igual son despreciables y traicioneros los cabrones, pero otra vez ese no es el punto). Ilustraba el caso de los gatos como ejemplo contrario, pues nuestras amadas mujeres no pueden hacer eso, aunque no den el mortal zarpazo, si las garras ya se sacaron, se quedan afuera, hasta que nos manden al carajo y aparezca un nuevo e ingenuo imbécil a quien se presentarán en su faceta de tiernas y cariñosas y comprensivas y dulces damiselas, mientras se da la oportunidad de sacar las garras y los colmillos y el ciclo vuelva a empezar.
Talvez la comparación con los felinos sea poco acertada sobre todo porque este post está inspirado en un versátil término que utilizan aquí en Venezuela para designar a las mujeres déspotas y abusadoras (sobre todo esposas). Ese término es Coaima. Pero no lo utilicé directamente para evitar confusiones con la mara en Guate, porque una coaima es literalmente una culebra, y en Guatemala decirle culebra a alguien tiene otra connotación. Extendiendo la explicación, una Coaima no es una culebra cualquiera, sino más concretamente una víbora brava, amenazante y lista para clavar los colmillos inyectando su mortal veneno. Se podría decir que adaptándola al uso internacional, la traducción mas justa sería simplemente “Víbora”. Así, la frase inocente de “mi mujer es una coaima” quedaría en “mi mujer es una víbora”, o para poner otro ejemplo “me voy temprano porque si no se me arrecha la coaima” quedaría en “me voy temprano porque si no se me enoja la víbora”. Es difícil explicar bien el término pero de todas formas estoy seguro que no hace falta una mejor explicación, que sobre todo los compañeros casados entenderán a la perfección a lo que me refiero. Pero a modo de agregado, Coaima lleva implícito además de víbora brava, desconfiada, suspicaz, sospechosa, intrigante, traicionera, desafiante, vigilante y busca vergazos. Como bien dice el Conde del Guacharo, un comediante de por aquí: “Mi mujer es tan coaima que a veces cuando saco la cédula se me aparece asomada atrás de mí en la foto para vigilar que estoy haciendo”.
Aunque volviendo a la idea inicial de que una vez sacadas las garras allí se quedan, que le vamos a hacer. Toda esa miel que había al principio, la comprensión, los cariñitos, las atenciones son cambiados por actitudes, como poco, problemáticas. Aquellos “no te preocupes mi vida, yo se que tienes que trabajar mucho” o “tranquilo mi amor yo te espero hasta que llegues por si te atrasas” se convierten en “Que te crea tu madre que trabajas tanto” o “¿Otra vez tarde? Andabas con alguna perra ¿verdad cabrón?”, y que sí, que la andaba viendo, pero por qué usar esas feas palabras como “perra” o “zorra”, si lo que menos parece es eso. Total, que somos unos incomprendidos.
A lo mejor terminé escribiendo esto porque me acaban de sacar las garras y no me gustó, aparte de que lamentablemente conmigo no se limitaron a sacarlas sino que la muy ingrata se ensañó en ralearme el pellejo a zarpazo limpio, figurativamente hablando claro. Pero bueno, ajo y agua, es decir, a joderse y aguantarse, siguiendo siempre en la búsqueda de la siguiente belleza, toda llena de dulzura hasta que se encoaime.
¿Alguna coaima entre mis apreciadas y queridas lectoras que venga a explicarnos el por qué de las garras y colmillos o a defender a sus congéneres? Casi apuesto que van a decir que no son así ustedes ¿va muchá?, jajaja. Y ustedes, abusados compañeros, ¿qué me dicen?










